La salida del cónsul general en Madrid, Javier Darío Higuera Ángel, consumada tras meses de blindaje institucional y presuntas complicidades en la Cancillería, deja al descubierto un balance desastroso para los intereses de la diáspora colombiana. Entre escándalos de contratación, opacidad en la mudanza de sedes consulares y denuncias penales y disciplinarias interpuestas por el medio COLEXRET, su relevo marca el fin de una era de privilegios y negligencia que urge ser investigada a fondo por los nuevos directivos.
