La Cancillería colombiana enfrenta una de las crisis institucionales más profundas de las últimas décadas. La falta de planificación estratégica, el aumento de nombramientos políticos, el deterioro financiero del Fondo Rotatorio y la desarticulación administrativa han impactado directamente la atención consular y la credibilidad internacional del país. Filas para pasaportes, sistemas caídos y decisiones improvisadas reflejan una estructura debilitada que el próximo gobierno deberá reconstruir desde sus cimientos



















