Historia política, social, jurídica, sanitaria, religiosa y humana del territorio que pasó del aislamiento a la ciudadanía…Agua de Dios.
No dejen de leer hasta el final para que conozcan a «Agua de Dios…¡Mi pueblo!: de finca privada a lazareto nacional y luego municipio».
Retornando a Colombia.
Después de 25 años residiendo fuera de mi país, he pensado regresar para intentar recuperar el tiempo perdido (aunque como lo quisiera es imposible), al lado de lo más grande y maravilloso que me dio la vida: mis hijos y el Tesoro del abuelo.
Y por supuesto junto a mis hermanos, «sobrinidiablillos» que en su mayoría han sido mis segundos hijos, y el resto de lo que aún me queda de familia. Sin olvidarme obviamente de amigos de infancia, adolescencia y juventud.
Aunque pienso radicarme en la capital bogotana, el Municipio de Agua de Dios en el Departamento de Cundinamarca, será uno de mis apacibles refugios de descanso en mi bella Colombia. Pueblo bello al que siempre he llevado en mi corazón, en mi mente, y en mi palabra, por todos los países del mundo que he tenido la oportunidad de recorrer.
Pero antes de regresar, he querido a través de esta Casa informativa que fundé y dirijo, hacer un pequeño homenaje a Agua de Dios…¡Mi pueblo!, a través de las letras.
Aunque no soy historiador, me fascina la historia. Por eso, con lo leído y escuchado desde que nací en esa bella tierra, proveniente de verdaderos historiadores y escritores sobre este tema, la mayoría de ellos hijos nacidos y/o criados en Agua de Dios, al igual que una recopilación de lo que existe hoy sobre mi tierra natal en diferentes medios, he querido hacer un «casi» que detallado recorrido por la historia de ese gran municipio en el centro de mi gran Colombia.
Antes de empezar quiero pedir el favor a las personas que han tratado en profundidad y conocen de este tema, que de encontrar algún error en la historia que narraré a mi estilo, me lo hagan saber, bien sea al finalizar en la sección comentarios, o a mi correo institucional direcciongeneral@colexret.com. Comenzamos:
Antes del lazareto: cuando Agua de Dios era solo una propiedad rural
Mucho antes de convertirse en un símbolo nacional de salud pública y derechos humanos, el territorio donde hoy se encuentra Agua de Dios era simplemente una extensión de tierra rural en el valle del río Bogotá.
Los registros notariales indican que esas tierras formaban parte de una hacienda privada perteneciente inicialmente a Pablo Afanador, quien las vendió el 22 de febrero de 1856 al político colombiano Manuel Murillo Toro.
Posteriormente, el Estado adquirió el terreno para fines sanitarios y administrativos, buscando un lugar aislado donde concentrar a las personas afectadas por la enfermedad entonces conocida como lepra, hoy denominada enfermedad de Hansen.
¿De dónde viene el nombre de Agua de Dios?
En el colegio me enseñaron que el nombre de Agua de Dios fue dado por los primeros leprosos que llegaron a ese territorio, y sedientos de sed, al encontrar en el sitio «Los chorros», agua limpia y cristalina salida de las entrañas de la tierra, exclamaron…»Esto es, Agua de Dios».
Con el tiempo, y leyendo algo de la verdadera historia, me enteré que el nombre Agua de Dios ya existía antes de que lo convirtieran en lazareto. Ese nombre estaba asociado a manantiales naturales que, según la tradición popular, poseían propiedades curativas. Sin embargo, en ese momento el lugar no era un pueblo ni una comunidad organizada.
Para ese entonces, era un territorio rural con escasa población, sin estructura urbana, y
dependiente administrativamente de municipios cercanos.
Nadie imaginaba que ese espacio se convertiría en una de las comunidades más singulares de la historia colombiana.
El origen del lazareto: la enfermedad que transformó el territorio
Durante el siglo XIX, la lepra era considerada una enfermedad altamente contagiosa, incurable y peligrosa. El temor social llevó al Estado a adoptar una política de aislamiento sanitario.
En 1870, el gobierno estableció oficialmente el Lazareto nacional en Agua de Dios. A partir de ese momento, comenzaron a llegar pacientes provenientes de distintas regiones del país, muchos de ellos trasladados contra su voluntad.
Así nació mi pueblo natal; no como un municipio, ni como una ciudad libre, sino como un territorio de confinamiento. Esto me hace entender cada día el por qué mi rebeldía contra las injusticias, y mi entrega por la defensa de los derechos humanos.
Así mismo me hace reafirmar en mi filosofía de vida «INSISTIR, PERSISTIR, RESISTIR, y NUNCA DESISTIR», pues es la misma filosofía aplicada por mi gente, por mis paisanos Aguadediosunos; por mi pueblo Agua de Dios desde cuando fue una «jaula», y/o «campo de concentración».
Un territorio bajo un régimen legal excepcional
El lazareto de Agua de Dios funcionó durante décadas bajo un sistema jurídico especial, distinto al resto del país. Algo así como un pequeño Estado dentro de otro Estado.
Las normas sanitarias establecieron el aislamiento obligatorio de los enfermos, creando un régimen que limitaba derechos fundamentales.
Entre las principales restricciones tenemos la prohibición de salir del territorio, la pérdida de derechos políticos, el control de bienes y patrimonio, la restricción de matrimonio sin autorización, y la vigilancia policial permanente.
En términos prácticos, el lazareto de Agua de Dios operaba como un territorio de excepción jurídica.
Cuando una persona era diagnosticada con la enfermedad, el Estado ordenaba su traslado al lazareto. Allí quedaba registrada oficialmente y sometida a un régimen especial que podía durar toda la vida.
La ciudad del aislamiento: rejas, controles y vida interna
Vean por qué le llamo lo que era en aquel entonces mi Agua de Dios, un «Campo de concentración». De aquellos similares, e incluso peores a los creó un endemoniado y perverso ser humano cuyo nombre no quiero mencionar por el asco y repudio que siento al recordar la historia de un pedazo del territorio europeo.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el lazareto de Agua de Dios se convirtió en una ciudad cerrada. Fue delimitado y vigilado por autoridades sanitarias y policiales. Solo se podía ingresar o salir con autorización oficial.
Dentro del lazareto se desarrolló una organización social completa, creando viviendas, hospitales. iglesias, escuelas, talleres, y comercios. Incluso se creó una moneda propia conocida como «La coscoja». Moneda que solo podía circular dentro del territorio Aguadediosense.
El aislamiento físico al que fueron sometidos sus habitantes no impidió la construcción de una comunidad.
El sanatorio: el corazón institucional del lazareto
El sistema de salud fue el eje central de la vida en Agua de Dios durante casi un siglo.
El sanatorio no solo era un hospital. Era el centro administrativo, científico y social del territorio. Su función inicial no era curar, era aislar. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en el principal centro de tratamiento de la enfermedad en Colombia.
Evolución de los tratamientos médicos:
La medicina en el lazareto cambió a lo largo del tiempo.
- Siglo XIX – Tratamientos empíricos: ungüentos, baños medicinales, y aceites vegetales entre otros,
- Principios del siglo XX: Uso del aceite de chaulmoogra.
- Década de 1940: Introducción de medicamentos derivados de sulfonas, que permitieron controlar la enfermedad y reducir la necesidad de aislamiento.
Este avance científico fue determinante para el cambio en la política sanitaria.
La fe como estructura social: religión y asistencia humanitaria
En un territorio marcado por el sufrimiento, la religión desempeñó un papel fundamental en la organización social.
Sacerdotes y religiosas no solo brindaban atención espiritual, también ofrecían educación, asistencia médica, apoyo emocional y organización comunitaria.
Aparte de otras figuras muy recordadas, encontramos a los Sacerdotes Miguel Unia y Luis Variara, quienes con sus labores humanitarias transformaron la vida de los habitantes del lazareto.
En 1905, se fundó una congregación religiosa dedicada al cuidado de enfermos y a la educación de niños, lo que consolidó la presencia institucional de la Iglesia en la vida cotidiana del territorio.
Educación en medio del aislamiento.
A pesar de las restricciones, la educación se convirtió en uno de los pilares de la comunidad. Las primeras escuelas fueron creadas por religiosos y religiosas con el propósito de educar a los hijos de los pacientes y a los propios enfermos.
Ese sistema educativo incluía educación primaria y secundaria, lo mismo que formación técnica, y escuelas de artes y oficios. Entre los oficios enseñados estaban la carpintería, costura, panadería, agricultura, y música.
La educación permitió preservar la dignidad humana y preparar a la población para una eventual reintegración social.
La vida cotidiana: familias, trabajo y cultura
Contrario a lo que podría imaginarse, el lazareto no fue solo un lugar de sufrimiento, fue también una comunidad viva, ya que en Agua de Dios se formaron familias, amistades, redes sociales (no como las conocidas hoy en día), y tradiciones culturales. Muchos niños nacieron y crecieron allí.
El trabajo era parte esencial de la vida cotidiana; los habitantes desempeñaban actividades como agricultores, artesanos, comerciantes, maestros, enfermeros, y músicos, entre otras.
Como la cultura floreció incluso en medio del aislamiento, se realizaban obras de teatro, conciertos, fiestas religiosas, y actividades deportivas
Cultura y arte: la música como símbolo de resistencia
El maestro Luis Antonio Calvo.
Administración del lazareto: gobierno sanitario y control estatal
Durante el régimen de aislamiento, el territorio no tenía alcaldes elegidos por voto popular, la administración estaba en manos del Estado nacional, y el gobierno del lazareto Aguadediosuno era ejercido por un director médico, autoridades sanitarias, funcionarios administrativos, y la Policía sanitaria.
Estas autoridades controlaban salud, economía, seguridad, Registro civil, y movilidad. La población no participaba en decisiones políticas. El sistema era centralizado.
La lucha por los derechos civiles
A mediados del siglo XX, los avances científicos demostraron que la enfermedad no era tan contagiosa como se creía.
Este descubrimiento provocó un cambio en la política sanitaria, y fue cuando la presión social y científica llevó a la aprobación de una ley histórica.
Esa norma eliminó el aislamiento obligatorio y restituyó los derechos civiles de los habitantes. Por primera vez en décadas los pacientes recuperaron su ciudadanía.
El nacimiento de Agua de Dios como municipio
Tras el fin del régimen de aislamiento, el territorio inició su transformación política, y en 1963, año en que nació allí quien les escribe, de un padre enfermo de lepra y una maravillosa mujer de hogar, el antiguo lazareto fue convertido oficialmente en municipio.
Este cambio permitió crear gobierno local, elegir autoridades. participar en elecciones, administrar recursos públicos, e integrarse al sistema territorial colombiano
Agua de Dios dejó de ser un lugar de confinamiento y se convirtió en una entidad territorial autónoma.
La construcción del gobierno municipal
Desde su creación como municipio, la administración local de Agua de Dios se enfocó en la consolidación institucional y el desarrollo social, creando entonces, Alcaldía municipal, Concejo municipal, Empresas de servicios públicos. Instituciones educativas y Programas sociales.
Para ese entonces, las prioridades del gobierno local fueron la salud, la vivienda, la educación, la integración social y el desarrollo económico.
La política municipal buscó superar el estigma histórico asociado al territorio Aguadediosuno.
Economía y transformación social
Tras el fin del lazareto, la economía del municipio se diversificó. Las principales actividades económicas incluyeron agricultura, comercio, servicios, turismo, y atención en salud.
La historia del lazareto se convirtió en un elemento central para el desarrollo turístico y cultural del municipio.
Identidad colectiva: memoria, dignidad y resiliencia
La historia de Agua de Dios no puede entenderse únicamente como un episodio sanitario, es una historia humana.
Durante décadas, miles de personas fueron separadas de sus familias y confinadas en el lazareto. Allí perdieron la libertad, sus derechos, y la movilidad.
Lo que no perdió Agua de Dios, ni sus habitantes, fue su dignidad, su solidaridad, y la esperanza de que a través de su lucha tenían que volver a ser reconocidos como verdaderos seres humanos.
La comunidad construyó identidad en medio del aislamiento.
Agua de Dios hoy: patrimonio histórico y símbolo nacional
Actualmente, el municipio es reconocido como un lugar de memoria histórica y patrimonio cultural.
Su legado incluye:
- Hospital histórico
- Edificios del antiguo lazareto
- Templos religiosos
- Escuelas tradicionales
- Arquitectura sanitaria
Agua de Dios representa uno de los capítulos más complejos de la historia social colombiana.
La historia de Agua de Dios…¡Mi pueblo!, resume la evolución del Estado, la medicina y los derechos humanos en Colombia.
Pasó por tres etapas fundamentales, la primera como finca privada, la segunda como un lazareto nacional, y la tercera como Municipio. Y en cada una de ellas se construyó una sociedad distinta.
Hoy, el municipio es un símbolo de resiliencia y transformación. Una comunidad que nació del aislamiento, y que terminó conquistando ciudadanía.
Mi madre, el ser más maravilloso del mundo, y mi padre el más valiente.
En ese histórico, luchador, valeroso y conquistador pueblo, quiero pasar los 30 o 40 años que me quedan de vida. Qué iluso verdad?, pero bueno, espero que los milagros existan.
En ese hermoso pedazote de tierra nació Ricardo Marín Rodríguez, hijo de José Didier Marín Herrera, alias «el chunco Marín», enfermo de lepra, quien de ves en cuando (jejejeje), se tomaba una cervecita. Hombre fiel a su Partido liberal.
Con calzado que nunca superó la talla 24, pues sus pies eran «medios pies», y sin dedos en sus manos, o apenas lo que denominamos «ñocos», ya que la lepra se le había tragado esos miembros, jamás lo vi quejándose de la vida que le había tocado llevar.
No puedo decir que fue el mejor padre del mundo, pero si el hombre más valiente que he conocido en mi vida.
Su valentía se me prendió papá, y si bien no tuve la enfermedad de la lepra para, no superarla, pero si vivir con ella como lo hizo Ud., en la última década he padecido dos cánceres, en donde en uno de ellos perdí el estómago y mi vesícula, con secuelas actuales de una desnutrición crónica «incurable».
En el otro cáncer por poco y pierdo mi ojo derecho. Pero bueno, me quedó sirviendo al menos para seguirle «picando» el ojo a las muchachas.
Ah, también se me han practicado dos intervenciones coronarias, y en una de ellas me instalaron un stent en la arteria principal del corazón.
Pero como Ud. papá, he sabido vivir con todo eso, y lo he superado. Y recordando su valentía mi viejo, seguiré superando lo que se me venga, pues quiero al menos llegar a la edad en que Ud. partió. Y si no, pues no pasa nada. Creo que lo que tenía que hacer en este mundo ya lo hice, así que, «donde me coja, bienvenida sea».
A mi madre, no una mujer, sino «Una Divina y maravillosa Diosa», Cleofe Rodríguez Parra «Anita», le debo lo que soy. Ella fue, es, y seguirá siendo hasta el último de mis días y más allá, el ser más maravilloso que parió la tierra para que me pariera a mi.
Para hablar de lo maravillosa que fue mi madrecita, no me alcanzarían 1000 años de vida, y podría llenar con su historia todas las bibliotecas más grandes del mundo.
Un fuerte abrazo para todos mis paisanos Aguadediosunos sin importar el lugar del mundo donde se encuentren, y para sus habitantes.
Allá nos vemos.
Ricardo Marín Rodríguez
Hijo natural de Agua de Dios
(Desde Septiembre de 1963)
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Investigador y escritor de Temática Migratoria Colombiana.
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