«Un cáncer…sin estómago, sin vesícula, y caga´o de la risa». Y tú triste y quejándote?

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    Muchos de Uds., en especial los seguidores de la Plataforma COLEXRET conocen lo ocurrido en mi vida en el mes de Junio del 2017, cuando fui intervenido quirúrgicamente de un cáncer gástrico, habiéndose extraído mi estómago para poder erradicarlo.  Una partecita de esa historia la he venido narrando en editoriales visibles aquí, aquí y aquí; y aspiro publicarla completamente a mediados del año entrante en un nuevo libro de mi colección «Colombianos Invisibles», cuyo primer tomo, en autoría con Lucy Torres, «Gestión Migratoria Inexistente» en su segunda edición puede ser adquirido haciendo clic aquí.

    Quienes hemos podido vencer un cáncer, cualquiera que sea, sabemos que tenemos que cargar con sus secuelas por el resto de nuestras vidas, máxime quienes hemos perdido el segundo órgano más importante del cuerpo humano después del corazón, como lo es el estómago, eje principal del sistema o aparato digestivo.  La principal secuela es la desnutrición por falta de absorción de nutrientes y vitaminas de nuestro organismo para distribuirlas en el resto de nuestros órganos y en general en todo nuestro ser.  Y cuando esto se presenta en personas cuyo metabolismo es demasiado lento y por ende somos de constitución delgada, o mejor dicho, en los flacos o flacuchentos como yo, tal mal se agranda y los cuidados deben ser mucho más extremos que en el resto de sobrevivientes de esa enfermedad.

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    En mi caso, esa falta de nutrientes y vitaminas ocasionaron una que otra avería en diferentes órganos de mi cuerpo, entre ellos la vesícula, que apareció de un momento a otro dizque con «piedras» o «cálculos».  Esos cálculos son al igual que yo, migrantes, es decir, que se trasladan de un lugar a otro, desconociéndose las causas, e incluso uno cualquiera de ellos puede llegar al hígado con consecuencias fatales.

    El pasado 11 de Mayo, uno de esos cálculos (creo que les llaman asi, porque calculan donde meterse pa´ joderle a uno la existencia), pegó un saltito y se introdujo en un ducto que conduce del páncreas al intestino delgado, y en cuestión de dos horas estaba convulsionando de los dolores tan terribles que me produjo, teniendo que ser llevado de urgencias a una de las mejores clínicas en España, como lo es la Fundación Jiménez Díaz, donde se me viene haciendo desde hace poco más de dos años el seguimiento y tratamiento de la primera operación estomacal realizada en Colombia, pues como ya lo dije en uno de mis anteriores editoriales, la ciencia ordena que debe vigilarse al paciente durante los siguientes cinco años de haber sido operado de cáncer gástrico, pues de acuerdo a las estadísticas, el demonio ese puede volver a aparecer en cualquier momento.  Y cuando un cáncer aparece por segunda vez, salvo casos excepcionales, es prácticamente imposible de erradicar.

    Una vez en dicha clínica fui sometido a una serie de exámenes para establecer con exactitud la raíz del problema y proceder de conformidad.  El resultado…una nueva cirugía para extraerme la vesícula.  Dados mis antecedentes de salud, existía la duda del tipo de operación a realizar, ya que comúnmente se lleva a cabo una que llaman laparascopia, y que es un procedimiento usado por los médicos para observar el interior del abdomen y la pelvis. Se utiliza un laparoscopio, tubo delgado y flexible que tiene en un extremo una luz y una pequeña cámara de video. El tubo se introduce a través de una incisión realizada a través de la pared abdominal, cerca del ombligo. E igualmente se hace, dependiendo el caso, el mío fue uno de esos, una segunda y tercera incisión en otras partes del abdomen para insertar otros instrumentos. Y con ese método que es el más común se extrae la vesícula, que es un pedacito de carnocidad muy gelatinosa con la figura de una pera. Su sabor no lo sé, tocaría preguntárselo a  Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), en el «Silencio de los Inocentes».

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    El otro método, y que les comento existía la posibilidad de realizar, reiterando, debido a mis antecedentes, era el tener que abrir el abdomen y practicar la cirugía a «barriga abierta», tal y como me hicieron cuando el caso de mi estómago. Pero corrí con la suerte que me realizaron la primera, y por ende con menos consecuencias tanto para el postoperatorio como para el futuro.

    La experiencia vivida en ese hospital la contaré en mi libro, solo les adelanto que vi a las dos personas que tuve como compañeros de habitación en los 15 días que duró mi hospitalización, uno con 88 años, y el otro con 92, vueltos literalmente m….da, dependientes totalmente de una tercera persona. Uno de ellos prácticamente sin memoria, y al otro no le hacía falta mucho para perderla del todo. Los dos medio podían sostenerse de pie, y tenían que asearlos. Con tres y 4 cirugías en los últimos 10 años en diferentes partes de sus cuerpos. Y saben qué, en sus momentos de lucidez, cuando pude hablar con ellos, me expresaban su deseo de querer seguir viviendo. Un deseo debatible dada su edad y estados de salud, pero respetables y admirables por ser sus propias decisiones.

    Ayer regresé a casa, y convertido en una «farmacia ambulante» por la cantidad de medicamentos que debo consumir, preparándome física y psicológicamente para estar mínimo dos meses sin realizar esfuerzo ni fuerza alguna y cero fatigas, quise transmitirles esta nueva anécdota de mi vida, y no con la intención de inspirar admiración y mucho menos pena, tristeza o pesar como lo he manifestado en otras ocasiones, sino como una contribución de fortaleza, lucha, motivación y optimismo a la humanidad.

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    Ni cuando me diagnosticaron el cáncer, ni al ser informado de que se me tenía que extraer el estómago, como tampoco en esta última cirugía de la extirpación de mi vesícula, sentí el más mínimo temor a morir.  Entre otras razones porque jamás he temido a la muerte, y donde me coja bienvenida sea.

    Hoy en día puedo decir que lo que tenía que hacer ya lo hice, y las dos misiones pendientes por las cuales le pedí a la vida aquél 24 de Junio del 2017 un poquito más de tiempo, una de ellas ya se hizo realidad, y a la otra le falta muy, pero muy poco.  Ya llegará el momento en que sepan con claridad de cuáles se trataban.  Pero saben qué, en estos últimos cuatro años, y con lo vivido en los últimos 20 años de mi vida en España, estoy convencido que el futuro de mi esposa y de mis 3 hijos, al igual que el del Tesoro del abuelo está en este país, y mi mayor sueño antes de partir, bien sea dentro de 1 mes, 1, 10 o 50 años es poder traerlos a vivir aquí.  Y si pueden vivir conmigo algunos de esos años, pues ya sería «¡la hostia tio!». Hoy en día las cosas están bastante complicadas, pero no pierdo la esperanza de encontrar quien me ayude a realizar ese sueño.

    Quiero preguntarle a los quejetas y victimistas, «de qué se quejan»?.  Han padecido cáncer, les han sacado el estómago o la vesícula, o algo peor?.  Ríanse por favor como yo, pues…¡SEGUIMOS VIVOS!.

    Hace muchos años cuando empezaba a quejarme por no tener con qué comprar un par de zapatos nuevos, seguí el ejemplo de un hombre que no tenía pies.  Cuando me quejé por haberme machucado un dedo, seguí el ejemplo de ese mismo hombre que no tenía dedos.  Amigos míos, seguí el ejemplo de mi padre, quien desde los 18 años de vida fue diagnosticado de lepra (Hánsen) y sus pies y los dedos de sus manos con el pasar del tiempo fueron desapareciendo. Fue, junto con varios centenares que contrajeron esa enfermedad en aquel entonces, aislados del mundo y recluidos en lo que para esos tiempos se llamó leprocomio, hoy, mi bello y próspero pueblo Agua de Dios, en el Dpto. de Cundinamarca en Colombia. Encerrados y cercados con alambres de púa, tratados peor que animales, sin derechos como seres humanos. Algo comparado solo con los campos de concentración Nazi. Como me gustaría que tanto la ciencia como el Sistema político de mi país pidiera perdón públicamente por toda esa barbarie cometida en aquellos tiempos.

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    Cada vez que siento un dolor, o me falta algo, me acuerdo de ese hombre que vivió hasta los 90 años, sin manos, sin pies, sin una pierna, y en los últimos 5 años de su existencia padeció de un cáncer. Y salvo porque perdió prácticamente la memoria en el último año, siempre lo vi c…g…o de la risa y gritando ¡Viva el Partido liberal!, y ¡La vida no vale nada hpta.!

    Mi admiración eterna por ese súper hombre, aunque por lo último, hoy pienso que eso lo decía inconscientemente, pues con el transcurrir de los años he entendido que «ser radical de un partido o ideología política es no tener vida propia».  Es ser un muerto viviente que se deja arrastrar por lo que piensa otro, que con mayor habilidad logra convertir a sus seguidores en idiotas útiles.  Esos idiotas que no se toman el tiempo siquiera para leer un programa electoral, y solo votan con base en un color político. Lo peor de todo es que esos son los que más se quejan de las injusticias estatales propiciadas por los mismos que eligieron.  Y de seguro están dentro de la mayoría que salen a las calles a mostrar su inconformismo.  Manipulados por esos llamados líderes políticos que solo critican la violencia propiciada por las Fuerzas Armadas, pero no se les oye protestar contra los bandidos que se aprovechan de esas manifestaciones para cometer cualquier cantidad de fechorías, iguales e incluso peor que las de la propia Policía, convirtiéndose en cómplices de estas, e igual de asesinos.

    «Cercano está el momento en que el pueblo mande, en que el pueblo ordene, en que el pueblo sea el pueblo, y no una multitud anónima de siervos» – Jorge Eliecer Gaitán (23 de Enero de 1903 – 9 de Abril de 1948). Casi 70 años de haber pronunciado esa sabia frase, y refiriéndome solamente a los colombianos residentes en el exterior, sigo viendo a más de 5 millones de siervos anónimos.  Critican y se quejan, pero no votan.  Y cuando quieren votar resulta que no han inscrito la Cédula en su Consulado, y eso que hoy en día se puede registrar en cualquier momento y sin cita previa.

    Interesante y necesario leer: «Inscripción de Cédulas en Consulados: Desinterés ciudadano o falta de información estatal?»

    De qué te quejas amigo lector? Porqué y de qué reniegas? Porqué te desesperas, preocupas y atormentas? Acaso has tenido más inconvenientes que mi padre y yo?

    Deja de quejarte guevón, y dedica ese tiempo en ayudar a los demás, pero nunca recuerdes los favores dados ni olvides los recibidos, verás lo bien que te  sentirás, y lo mucho que te recordarán cuando tu cuerpo falte.

    No hagas obras pensando en la tal salvación de tu alma cuando te mueras, pues eso es hipocresía, ya que lo haces esperando una retribución futura, que incluso no llegará, salvo por que crees en ello.

    Recuerda que los seres humanos no morimos cuando nuestro cuerpo desaparece, sino cuando nos olvidan.  Por eso existen muchos muertos vivos, y muchos vivos muertos.

    Ánimo, lucha, vive hasta donde tengas que vivir. Quiere la vida y respétala, pero no te aferres a ella, pues recuerda que la muerte es simplemente una consecuencia lógica del nacimiento. No digas no puedo sin haberlo intentado.  No comiences una meta pensando que la vas a perder, o sin empezarla ya la habrás perdido. No te des por vencido jamás, pues los boxeadores no pierden cuando los tumban sino cuando no se levantan. Y aplica la filosofía de la clave del éxito…

    «INSISTIR, PERSISTIR, RESISTIR y NUNCA DESISTIR», pues «No existen cosas imposibles sino seres incapaces»

    https://www.colexret.com/2021/02/19/acusado-de-acoso-sexual-e-investigado-por-cancilleria-es-reubicado-en-otro-consulado-colombiano/

    Y ya para terminar les dejo esta frase que he dedicado a mis hijos desde su nacimiento:

    «Nunca rindas el animo, solo por medio de fatigas se logra a victoria»

    No puedo despedirme sin enviar un MIL GRACIAS a cada una de las personas que alrededor del mundo me han enviado sus mensajes a través de mi Whatsapp, espacios en Redes sociales, llamadas telf. y correos electrónicos, manifestando su apoyo y acompañamiento en toda esta etapa feliz de mi vida.  Al igual que a todas las que me han colaborado en diferentes formas para hacer que esta «carga» sea mas liviana. Que el Dios en el que cada quien crea los bendiga y multiplique.

    Un abrazo para todos y hasta la próxima

     

    Ricardo Marín Rodríguez
    Director «COLEXRET»
    [email protected]
    www.colexret.com

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