Mientras el país espera, el Congreso se toma una semana de descanso. Si, cinco días de receso mientras se acumulan los proyectos.
Congreso colombiano: ¿La semana de la vergüenza?
77 días después de posesionarse, el Congreso se toma un respiro mientras el país espera respuestas.
Hay cosas que, por repetirse, terminan pareciendo normales; y hay cosas que, precisamente por repetirse, deberían preocupar todavía más.
Que los estudiantes colombianos tengan una semana de receso escolar es completamente entendible. Está establecida desde 2007 y tiene una explicación relacionada con el calendario académico, la evaluación educativa, la integración familiar y hasta el turismo nacional.
Pero que el Congreso de la República decida coincidir con esa semana y deje de sesionar normalmente durante cinco días hábiles abre una pregunta que ningún colombiano debería dejar pasar:
¿Desde cuándo los senadores y representantes de Colombia tienen que coincidir sus descansos con los de los estudiantes?
Porque una cosa es el receso escolar, y otra muy diferente el calendario constitucional del Congreso.
Y una tercera es que, teniendo por delante una montaña de asuntos legislativos, el Capitolio vuelva a bajar la persiana precisamente cuando el país reclama resultados.
Por eso esta pregunta merece ser formulada sin rodeos:
¿Estamos ante un simple ajuste de agenda o ante una costumbre que se ha convertido, en la práctica, en otra semana de vacaciones para buena parte del Congreso?
Del 20 de julio al 5 de octubre: apenas 77 días
La primera cifra resulta difícil de ignorar, teniendo en cuenta que la actual legislatura comenzó el 20 de julio de 2026, y el receso que estamos analizando comenzó el 5 de octubre.
Entre ambas fechas transcurrieron 77 días. Es decir, apenas dos meses y medio.
Y es donde aparece una de las mayores contradicciones que tendrá que explicar el Congreso.
La Constitución establece que el primer período de sesiones ordinarias comienza el 20 de julio y termina el 16 de diciembre. El segundo comienza el 16 de marzo y termina el 20 de junio.
No existe en la Constitución una semana de receso parlamentario en octubre equiparable al receso escolar, por lo que técnicamente, no resulta correcto decir que el Congreso está entrando en un período constitucional de vacaciones.
Lo que está ocurriendo es diferente:
Las Mesas Directivas de Senado y Cámara decidieron programar la semana del 5 al 9 de octubre sin sesiones ordinarias normales.
Eso es justamente lo que hace más interesante, y más polémica, la discusión, porque si no es una obligación constitucional, ¿Por qué hacerlo?
La explicación: familia, territorio y compensación
Algunos congresistas han explicado que la semana permite compartir con sus familias, especialmente quienes tienen hijos en edad escolar, y adelantar trabajo político o territorial.
Además, las Mesas Directivas anunciaron jornadas de compensación para la semana siguiente.
Es decir, la explicación oficial no es simplemente, “Nos vamos de vacaciones”.
La versión es que se suspenden las sesiones ordinarias durante esa semana y se recuperará parte del tiempo posteriormente. Eso debe reconocerse.
Pero también debe preguntarse:
¿Una jornada de compensación posterior convierte automáticamente la decisión en una buena decisión legislativa?
No necesariamente.
El problema no es solamente cuántas horas se recuperan, el verdadero problema es, qué asuntos dejan de discutirse mientras tanto, cuánto tiempo legislativo queda disponible y cuáles son los plazos que corren independientemente de que el Congreso sesione o no.
Y en octubre de 2026 esos plazos no son precisamente insignificantes.
El presupuesto no es el único problema
El argumento de que el Congreso “volverá la próxima semana para trabajar” tampoco elimina la dimensión del problema.
El principal asunto que espera al regreso es el Presupuesto General de la Nación 2027, cuyo monto aprobado en primer debate quedó en aproximadamente $634,9 billones y debe ser aprobado antes del 20 de octubre.
Las comisiones económicas ya recibieron y estudiaron centenares de proposiciones, y el debate pasa ahora a las plenarias.
Es decir, el reloj presupuestal no se detiene porque el Congreso decidió hacer coincidir su calendario con el de los colegios.
Pero tampoco está solamente el presupuesto.
Hay asuntos legislativos de enorme importancia que forman parte de la agenda de esta legislatura.
Entre ellos se encuentra la reforma pensional, que tiene un elemento particularmente delicado, la Corte Constitucional ordenó corregir determinados vicios de procedimiento y la Cámara tiene un plazo que vence el 29 de octubre de 2026 para subsanar lo señalado y remitir nuevamente el texto a la Corte.
También están en trámite iniciativas relacionadas con la reforma política, la jurisdicción agraria y rural, derechos ciudadanos, infraestructura estratégica, servicios públicos y numerosas iniciativas sectoriales.
Por ejemplo, el Proyecto de Ley 031 de 2026 Cámara busca desarrollar la Jurisdicción Agraria y Rural y establecer su procedimiento especial.
Y el Proyecto de Acto Legislativo 022 de 2026 busca modificar disposiciones constitucionales relacionadas con partidos, listas, paridad y reglas electorales.
En otras palabras, Colombia no está legislativamente de vacaciones. Los problemas del país siguen funcionando a toda velocidad.
¿Qué pasa con los colombianos en el exterior?
Aquí aparece un elemento que nos resulta imposible ignorar, pues la actual legislatura estrenó, aunque ilegítimamente, representante de los colombianos en el exterior, el Sr. Pedro Alejandro Murcia Lamprea.
Su caso permite observar la situación desde otra perspectiva, porque la comunidad colombiana en el exterior no tiene un Congreso paralelo, tiene una sola curul.
Una curul para representar a millones de colombianos que viven fuera del territorio nacional, enfrentan problemas migratorios, dificultades consulares, asuntos de retorno, protección laboral, pensiones, remesas, nacionalidad, servicios públicos y múltiples situaciones que requieren legislación y control político.
Y Murcia no ha llegado al Congreso simplemente a ocupar una silla.
En esta legislatura aparece vinculado a diferentes iniciativas.
Es ponente, por ejemplo, del proyecto que busca institucionalizar las Ferias de Servicios para Colombianos en el Exterior, iniciativa que pretende convertir estas jornadas en una política permanente de atención a los connacionales. (Ver aquí).
También figura como autor del proyecto relacionado con el fortalecimiento territorial de agua y saneamiento, del proyecto sobre la licencia remunerada por luto cuando el fallecimiento de un familiar ocurre en el exterior, y de otras iniciativas de alcance nacional.
Incluso figura entre los autores de iniciativas sobre manifestación pública, infraestructura estratégica y otros asuntos.
Entonces, ¿Qué significa para la representación de los colombianos en el exterior que el Congreso deje de sesionar durante una semana cuando muchos de estos proyectos apenas están comenzando su recorrido?
No corresponde atribuir a Murcia responsabilidad individual por una decisión adoptada por las Mesas Directivas de Senado y Cámara, pero sí corresponde exigirle, como representante de la Circunscripción Internacional, que explique a sus electores qué posición tiene frente a esta forma de administrar el escaso tiempo legislativo. Porque los colombianos en el exterior también tienen derecho a saberlo.
La semana de receso escolar no fue creada para los congresistas
Aquí aparece otro dato que debería acabar con una confusión muy extendida.
La semana de receso escolar fue creada en 2007 mediante el Decreto 1373, expedido durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
La norma estableció cinco días de receso para estudiantes de educación preescolar, básica y media en la semana anterior al festivo del 12 de octubre.
El decreto también estableció que para docentes y directivos esos días correspondían a desarrollo institucional.
Pero el origen es todavía más interesante.
El antecedente legislativo fue el Proyecto de Ley 022 de 2005 Cámara – 285 de 2006 Senado, cuyo autor fue el entonces representante Plinio Olano Becerra y cuyo ponente en Senado fue Carlos Julio González Villa. La iniciativa buscaba modificar el calendario escolar.
El propio González Villa recordó años después que había participado en la creación de esa semana y explicó que uno de los propósitos era generar una pausa pedagógica y, simultáneamente, estimular el turismo interno y la integración familiar.
Es decir, la semana de receso fue creada para el sistema educativo, no para el Congreso.
Y es un detalle a tener muy en cuenta, porque nadie puede decir que el Congreso está obligado por el Decreto 1373 de 2007 a suspender sus sesiones, ya que no lo está.
¿Desde cuándo el Congreso hace lo mismo?
Aquí la respuesta es todavía más interesante, pues no estamos frente a una invención de 2026, sino que hay antecedentes recientes.
En 2022, durante el gobierno de Iván Duque, medios registraron que el Congreso prácticamente no tuvo actividad ordinaria durante la semana de receso escolar y que la situación generó controversia precisamente porque coincidía con una agenda legislativa cargada.
En 2023, durante el gobierno de Gustavo Petro, ocurrió nuevamente. El Congreso se tomó la semana de receso mientras estaban pendientes asuntos de enorme importancia, entre ellos las reformas de salud y pensional.
En 2024, el episodio fue todavía más llamativo, ya que el entonces presidente de la Cámara, Jaime Raúl Salamanca, había anunciado que la corporación sí sesionaría durante la semana de receso escolar, precisamente porque había “bastante trabajo represado”.
Sin embargo, posteriormente la Cámara redujo considerablemente su actividad y terminó extendiendo el descanso. Incluso se argumentó la existencia de un “Día de la Familia” derivado de acuerdos sindicales para funcionarios de la corporación.
En 2025, Senado y Cámara volvieron a tomarse la semana de receso escolar. Y ahora, en 2026, vuelve a ocurrir.
Sería incorrecto atribuir exclusivamente esta práctica a un determinado gobierno, pues como bien se puede apreciar, es una costumbre que ha atravesado gobiernos y legislaturas; y precisamente por eso la pregunta es mucho más profunda:
¿No será hora de discutir si esa costumbre tiene sentido?
No es ilegal que el Congreso no sesione una semana, pero tampoco es una obligación descansar
Aquí conviene separar la indignación de la realidad jurídica.
La Constitución fija los períodos ordinarios.
La Ley 5 de 1992 establece los deberes de los congresistas, entre ellos asistir a las sesiones del Congreso, de las Cámaras y de las comisiones de las que formen parte. La misma ley contempla consecuencias para las inasistencias injustificadas.
Pero una cosa es no asistir injustificadamente a una sesión convocada y otra muy diferente que la Mesa Directiva no programe sesiones ordinarias durante determinados días.
Por eso no sería serio afirmar que los congresistas están cometiendo automáticamente una ilegalidad por no sesionar esta semana. La discusión es otra.
Es una discusión sobre prioridades, productividad, oportunidad, responsabilidad política y confianza ciudadana. Y ahí es donde las preguntas empiezan a doler.
¿Cuánto “receso” tiene realmente un congresista?
La Constitución establece dos grandes períodos ordinarios:
20 de julio a 16 de diciembre y 16 de marzo a 20 de junio.
Entre el 16 de diciembre y el 16 de marzo hay aproximadamente tres meses, y entre el 20 de junio y el 20 de julio hay aproximadamente un mes.
Eso significa que el calendario constitucional deja alrededor de cuatro meses del año fuera de los períodos ordinarios de sesiones.
Pero ojo, eso no significa que durante esos cuatro meses los congresistas estén legalmente obligados a permanecer de vacaciones.
Pueden existir actividades territoriales, comisiones, reuniones, control político, sesiones extraordinarias cuando sean convocadas y otras funciones propias del mandato.
Precisamente por eso tampoco resulta correcto equiparar automáticamente esos períodos con las vacaciones laborales de un trabajador.
Sin embargo, desde la perspectiva ciudadana, la comparación resulta inevitable porque el trabajador colombiano común tiene, como regla general, derecho a 15 días hábiles de vacaciones remuneradas por cada año de servicio. Así lo establece el artículo 186 del Código Sustantivo del Trabajo; para empleados públicos también existe, como regla general, el derecho a 15 días hábiles por año.
Entonces el ciudadano observa:
15 días. Luego mira el calendario legislativo y encuentra diciembre, enero, febrero, parte de marzo, junio, parte de julio, y ahora octubre.
La comparación puede no ser jurídicamente exacta, pero políticamente es inevitable.
¿Qué ejemplo se le está dando al país?
Esta es quizá la pregunta más importante, pues un trabajador que llega tarde puede recibir un llamado de atención. Un empleado que no cumple sus funciones puede ser sancionado. Una empresa que no cumple determinados plazos puede enfrentar consecuencias.
Pero cuando se trata del Congreso, la ciudadanía observa una institución que tiene constitucionalmente asignada la función de hacer las leyes y ejercer control político, y que decide no sesionar durante una semana coincidiendo con el descanso escolar.
¿Y qué mensaje recibe el ciudadano?
- ¿Que el trabajo legislativo puede acomodarse al calendario familiar?
- ¿Que los proyectos pueden esperar?
- ¿Que los plazos legislativos pueden comprimirse posteriormente?
- ¿Que cinco días menos de debate no importan?
- ¿O que los congresistas también tienen derecho a conciliar su vida familiar con su trabajo?
Esta última explicación es perfectamente legítima, pues los congresistas también son seres humanos y tienen familias, pero entonces surge otra pregunta:
¿Por qué esa conciliación tiene que producirse precisamente mediante la suspensión de sesiones del órgano que representa a 50 millones de colombianos?
¿Y si el trabajador colombiano pidiera lo mismo?
Imaginemos por un momento una situación absurda.
Un hospital decide que durante la semana de receso escolar reducirá su atención porque muchos trabajadores tienen hijos.
Una empresa de transporte decide disminuir su operación.
Una fábrica decide parar cinco días.
Una oficina pública decide no atender.
Un restaurante decide cerrar.
Una persona que trabaja por cuenta propia simplemente dice:
“Esta semana no trabajo porque mis hijos están de vacaciones”.
La sociedad no podría funcionar así, porque el trabajo de cada persona está relacionado con una obligación concreta. Y precisamente por eso el Congreso debería ser todavía más consciente de que su trabajo no es una actividad ordinaria.
No producen mercancías. No venden servicios. No atienden clientes. Legislan sobre la vida de todos los demás.
El problema no es una semana: es el precedente
Aquí está el verdadero asunto, pues cinco días no van a paralizar Colombia.
Tampoco significa que todos los congresistas estén cinco días sin hacer absolutamente nada. Y tampoco sería justo afirmar que ningún parlamentario trabaja durante la semana, pues muchos pueden estar realizando reuniones, actividades territoriales, preparación de proyectos o trabajo político.
Pero el Congreso como institución no está sesionando normalmente, y eso tiene una consecuencia:
Los debates que no se hacen hoy tienen que hacerse después, y el calendario no se estira.
El 20 de octubre sigue siendo 20 de octubre. El 29 de octubre sigue siendo 29 de octubre. El 16 de diciembre sigue siendo 16 de diciembre.
Los problemas del país no aceptan aplazamientos porque el calendario escolar tenga una semana de descanso.
¿Es una práctica exclusivamente colombiana?
Como COLEXRET todo lo investiga, les aseguramos que no.
Los parlamentos de otros países tienen recesos. Por ejemplo:
El Parlamento británico contempla formalmente diferentes períodos de receso a lo largo del año: verano, Navidad, Semana Santa, febrero, mayo y un denominado «Conference recess» entre septiembre y octubre. Para 2026, la Cámara de los Comunes tiene previsto un receso desde mediados de septiembre hasta el 11 de octubre.
España también tiene semanas sin sesiones plenarias. El calendario oficial del Congreso de los Diputados señala que del 5 al 11 de octubre de 2026 no habrá pleno.
Y así otros cuantos países. Por tanto, tener recesos parlamentarios no es una anomalía colombiana.
La diferencia está en el contexto, ya que en esos otros sistemas, los recesos forman parte del calendario parlamentario institucional y son programados expresamente como tales, mientras que en Colombia, el problema que genera la controversia es que se está utilizando como referencia una semana cuyo origen es escolar, no parlamentario.
La pregunta que debería responder el Congreso no es si ¿Los congresistas tienen derecho a descansar?” Claro que tienen derecho al descanso como personas.
La pregunta más correcta debería ser:
¿Era indispensable suspender la actividad ordinaria del Congreso entre el 5 y el 9 de octubre de 2026, teniendo en cuenta la agenda legislativa, los plazos constitucionales y legales y la cantidad de asuntos pendientes?
Y esa pregunta merece una respuesta institucional, no un trino, no una explicación informal, no un “recuperaremos los días”, sino una explicación seria.
Porque el Congreso no es un colegio. Los estudiantes tienen recreo. Los colegios tienen vacaciones. Los docentes tienen períodos de desarrollo institucional. Las familias tienen derecho a compartir.
Todo eso está bien, pero el Congreso tiene otra naturaleza.
El Congreso es una de las instituciones fundamentales del Estado.
Su calendario no debería depender de cuándo los niños salen a vacaciones, y si los congresistas consideran indispensable una semana para compartir con sus familias, existe una solución mucho más transparente, como es que,
Se discuta públicamente una modificación del calendario legislativo y se establezcan reglas claras, generales y conocidas de antemano.
No que año tras año aparezca una especie de “semana de receso” que oficialmente no es un período constitucional de vacaciones, pero que en la práctica termina pareciéndose demasiado a uno.
Pedro Murcia y la curul de los colombianos en el exterior
Y volvemos a nuestra casa, la de los colombianos que viven fuera del país, aunque usurpada por el actual Representante.
La Circunscripción Internacional tiene una sola representación en la Cámara, y Pedro Alejandro Murcia Lamprea acaba de comenzar su período 2026-2030.
Tiene proyectos por impulsar, otros de los cuales es autor, ponente o coordinador, y una comunidad migrante que lleva años reclamando que la política migratoria deje de ser un asunto secundario.
En menos de tres meses de legislatura ya existen proyectos que lo involucran directamente, y por eso le mandamos una pregunta pública y respetuosa:
¿Qué está haciendo la representación de los colombianos en el exterior durante esta semana y qué posición tiene frente a la suspensión de sesiones?
No porque Murcia sea responsable de la decisión. Es responsable de muchas otras cosas, pero de esa no.
No porque deba cargar individualmente con una decisión colectiva, sino porque los colombianos en el exterior tenemos derecho a saber cómo entiende nuestro representante el uso del tiempo legislativo.
Y porque precisamente la curul internacional necesita demostrar que la representación no se reduce a aparecer en las fotografías, firmar proyectos o asistir a reuniones, pavonearse por escenarios públicos y en redes sociales.
La representación se mide también por la capacidad de exigir que el Congreso trabaje cuando debe trabajar.
Una semana puede parecer poco. El mensaje puede ser enorme
Aquí está el verdadero problema.
No estamos diciendo que cinco días vayan a acabar con el Congreso. No estamos diciendo que todos los congresistas estén de vacaciones. No estamos diciendo que ningún parlamentario trabaje durante estos días. Como tampoco estamos diciendo que la decisión sea jurídicamente ilegal.
Estamos diciendo que el Congreso debe explicar por qué decidió no sesionar normalmente durante cinco días en una semana cuya única razón de existencia original era el calendario escolar.
Y debe explicarlo porque hay asuntos pendientes. Porque hay plazos. Porque hay reformas. Porque hay presupuesto. Porque hay decisiones que afectan a millones. Porque hay una ciudadanía que trabaja. Porque hay colombianos que madrugan todos los días para llegar a un empleo que muchas veces no les permite escoger cuándo descansar.
Y porque hay millones de colombianos en el exterior que esperan que quienes ocupan esa única curul internacional hagan valer su representación.
¿Semana de la vergüenza?
La expresión “semana de la vergüenza” es una valoración editorial, no un hecho jurídico. Lo que pasa es que nuestro director no ha podido dejar del todo ciertos términos que anque lo han llevado a la gloria, también le han acarreado ciertos problemitas.
Aunque él dice que le da igual, pues esas so las consecuecias de ser tan abierto, tan franco, tan liberal, tan original.
Pero la pregunta que contiene esa expresión sí merece ser formulada.
¿Es vergonzoso que un Congreso tenga una semana sin sesiones? No necesariamente.
¿Es criticable que esa semana coincida con el receso escolar? Sí puede serlo, dependiendo de las razones y del contexto.
¿Es ilegal? No puede afirmarse eso simplemente porque no haya sesiones durante esos cinco días.
¿Es una práctica nueva? No. Existen antecedentes recientes en 2022, 2023, 2024 y 2025.
¿Fue creada la semana de receso escolar para los congresistas? No.
Fue creada para estudiantes.
¿Puede el Congreso organizar su agenda? Sí.
¿Puede la ciudadanía cuestionar esa organización? Por supuesto.
Y aquí está el punto final.
El problema no es que los congresistas tengan familia. El problema no es que quieran descansar. El problema no es que tengan derecho a la vida privada.
El problema es que quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de legislar para todos los colombianos deben entender que su tiempo institucional no les pertenece a ellos: pertenece al país.
Y cuando hay cientos de iniciativas en trámite, reformas pendientes, decisiones presupuestales urgentes y plazos que siguen corriendo, cada día de sesión cuenta.
Por eso, más que una condena anticipada, COLEXRET deja una pregunta sobre la mesa:
¿Cuántos días del año está dispuesto el Congreso a dedicar realmente a legislar y cuántos a administrar su propio calendario de descansos?
Porque mientras en el Capitolio se habla de “receso”, en Colombia millones de trabajadores hablan de «trabajar para poder vivir».
Y esa diferencia, aunque legalmente explicable, políticamente resulta imposible de ignorar.
Nosostros no nos cansaremos de preguntar, porque si el Congreso representa al pueblo, el pueblo también tiene derecho a preguntarle al Congreso cuándo trabaja, qué hace y por qué decide parar.


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