Migración Colombiana: del retorno voluntario al forzado
Las Deportaciones de Connacionales, retorno humanitario y migración inversa ponen a prueba una arquitectura institucional diseñada para el retorno voluntario, no para flujos de emergencia.
El país, a nivel de flujos poblacionales atraviesa una fase incómoda de su historia migratoria reciente: ya no sólo expulsa población ni recibe migrantes extranjeros; también empieza a recibir de vuelta, por deportación, retorno humanitario o tránsito inverso, a personas que salieron en condiciones de alta vulnerabilidad.
El retorno ya no puede leerse como el cierre natural de una trayectoria migratoria, sino como una nueva presión humanitaria, institucional y territorial.
En general la migración inversa o regreso de migrantes a sus países, no aparece porque mejoraron las condiciones en los países de origen, sino porque se cerró o encareció la ruta hacia el norte.
Esto tiene relación con el ciclo de políticas anti migrantes de países receptores.
En el caso colombiano, el fenómeno combina tres procesos distintos: personas que regresan desde Centroamérica o México tras fracasar el intento de llegar a EE. UU.; personas que entran a Colombia desde Panamá por rutas marítimas o terrestres; y retornos/deportaciones desde Estados Unidos u otros países.
Indicadores de Movilidad
El dato más fuerte viene de Migración Colombia.
Según el Observatorio de Migraciones, Migrantes y Movilidad Humana —OM3—, Colombia registró 539.959 migrantes en tránsito irregular en 2023, pero en 2024 bajó a 400.612, una reducción de 25,8 %.
En 2025 la caída fue más fuerte: entre enero y junio hubo 84.083 detecciones, es decir, 64 % menos que en el mismo periodo de 2024.
Ese descenso del tránsito hacia el norte coincide con la aparición visible del retorno por la misma geografía.
Entre enero y junio de 2025, Migración Colombia identificó 12.347 migrantes en flujo inverso, equivalentes al 14 % del total de detecciones del país.
La composición es casi totalmente venezolana: 98,5 %, es decir, 12.168 personas. Por sexo y edad: 56,5 % hombres, 25,4 % mujeres y 18,1 % niños, niñas y adolescentes.
La organización de Naciones Unidad ONU – derechos humanos sigue alertando que la disminución del desplazamiento por la selva del Darien se trasladó hacia la espera, la deportación, el retorno forzado o la reconfiguración de rutas.
La Defensoría del Pueblo ha advertido que los movimientos hacia Centroamérica y en sentido contrario siguen atravesados por tráfico de migrantes, trata de personas, desapariciones, violencia sexual, extorsiones y reclutamiento.
Quien regresa no necesariamente vuelve con redes familiares, documentos, ahorros o condiciones mínimas de seguridad. Muchos retornan endeudados, enfermos, amenazados o sin claridad sobre dónde reasentarse.
En este contexto humanitario aparece la migración inversa, el vacío más peligroso donde La deportación y el retorno forzado agrega una presión distinta porque no depende del calendario colombiano sino de la presión que recibe el connacional.
Las políticas anti-migración constituyen otros muros que impiden que colombianos a la espera de regularización pueden seguir viviendo en países como: Estados Unidos, Argentina, Chile, Panamá, México etc.
Colombia no parece suficientemente preparada
Aquí está el punto crítico: Colombia tiene instrumentos de política migratoria como la ley de retorno orientada más al retorno voluntario, pero no el forzado. Carece de una arquitectura suficiente para una migración inversa rápida, irregular, marítima y con alta vulnerabilidad.
La Ley 1565 de 2012, o Ley Retorno, creó incentivos y acompañamiento para colombianos que desean regresar voluntariamente.
Colombia Nos Une administra el Registro Único de Retorno y Cancillería mantiene canales de orientación. Además, Prosperidad Social y Cancillería activaron Atención a Connacionales Retornados junto a Prosperidad Social.
La debilidad está en el diseño.
La arquitectura colombiana sigue siendo más útil para el retorno voluntario y planificado que para la deportación, el retorno forzado o el tránsito inverso.
La recepción en aeropuerto o frontera resuelve el primer día; no resuelve empleo, vivienda, salud mental, documentación, escolarización de niños, protección frente a redes criminales ni seguimiento territorial a 30, 90 y 180 días.
No hay suficiente evidencia pública de un sistema nacional capaz de medir resultados de integración, anticipar picos de deportación y coordinar respuestas entre Nación, alcaldías, gobernaciones, consulados y entidades sociales.
El desafío no es sólo recibir colombianos de vuelta; es evitar que el retorno se convierta en una segunda expulsión dentro del propio país.
A continuación, se presenta una tabla de indicadores sobre migración inversa entre 2024 y 2025. No se compara el 2024 con el 2023 por que hay datos insuficientes.

Qué debería medir Colombia de inmediato
La preparación real no se mide por el número de vuelos recibidos, sino por la capacidad de estabilizar e integrar a las personas retornadas. Estos indicadores deberían publicarse de forma periódica y desagregada.
El riesgo institucional es confundir retorno con traslado físico. Sin seguimiento, los retornados pueden quedar fuera de empleo formal, salud, educación y protección, lo que aumenta la probabilidad de Re-migración o de explotación por redes ilegales.

Por:
Julián Castrillón
Doctor en ciencias económicas y empresariales,
Universidad complutense de Madrid – España.
PHD Economía UCM.
NOTA: Más opiniones del columnista, ingresando aquí.


Comentarios