El 20 de julio ya no pertenece únicamente a Colombia: también pertenece a millones de colombianos en el exterior
La Independencia continúa.
Doscientos dieciséis años después del 20 de julio de 1810, Colombia sigue celebrando el nacimiento de su proceso de independencia.
Cada año, los discursos oficiales recuerdan a los próceres. Las Fuerzas Militares desfilan, las instituciones públicas izan la bandera, las escuelas enseñan la historia del Florero de Llorente, los medios de comunicación recuerdan aquella mañana de Santafé; pero una pregunta sigue esperando una respuesta sincera.
¿Qué significa hoy la independencia para los colombianos? Y otra aún más profunda.
¿Qué significa para quienes llevan años, décadas o incluso toda una vida viviendo fuera de su país?
La independencia cambió de significado
En 1810, la palabra independencia significaba romper el dominio político de la Corona española; en 2026, ese concepto adquiere nuevos significados.
Para millones de colombianos, independencia también significa poder acceder a una educación de calidad, encontrar un empleo digno, vivir en seguridad, ejercer plenamente los derechos ciudadanos, no verse obligado a abandonar el país por falta de oportunidades.
Y para quienes emigraron, independencia también significa poder seguir siendo colombianos sin importar el lugar donde residan.
La patria ya no puede definirse únicamente por un territorio, también debe definirse por las personas que la conforman.
La otra Colombia
Durante décadas se habló de «los colombianos en el exterior» como si se tratara de un grupo distante, casi ajeno. Con frecuencia aparecían en los debates públicos únicamente cuando se hablaba de remesas, elecciones o trámites consulares.
Sin embargo, la realidad demuestra otra cosa.
La diáspora colombiana constituye hoy una de las comunidades nacionales más importantes de América Latina. Está integrada por científicos, profesores, empresarios, trabajadores artistas, deportistas, investigadores, emprendedores, estudiantes, profesionales de todas las áreas.
Millones de personas que continúan aportando al desarrollo económico, cultural y social de Colombia, aún cuando desarrollen su vida cotidiana en otros países.
No son «la Colombia que se fue». Son una parte de la Colombia que existe hoy.
La deuda pendiente
A lo largo de esta investigación hemos recorrido más de dos siglos de historia. Y ese recorrido permite llegar a una conclusión inevitable.
Colombia ha avanzado considerablemente en el reconocimiento jurídico y político de sus nacionales en el exterior, pero todavía existen desafíos importantes.
La política migratoria continúa siendo insuficiente frente a la magnitud del fenómeno; persisten desigualdades en el acceso a algunos servicios consulares; uchos programas dependen más del compromiso de determinados funcionarios que de políticas públicas permanentes; las asociaciones de colombianos siguen reclamando mayor participación en las decisiones que afectan a la diáspora.
Y continúa siendo necesario fortalecer mecanismos que permitan mantener un vínculo real entre el Estado y quienes viven fuera del territorio nacional.
Reconocer esa realidad no significa desconocer los avances alcanzados, significa comprender que aún queda camino por recorrer.
La independencia también se defiende con derechos
Los derechos ciudadanos no terminan en un aeropuerto, no desaparecen cuando un colombiano obtiene un permiso de residencia en otro país, no se extinguen porque una familia decida construir su proyecto de vida fuera del territorio nacional.
Los derechos viajan con las personas, y el Estado tiene la responsabilidad de protegerlos dondequiera que se encuentren sus nacionales.
Esa quizá sea una de las grandes tareas pendientes de la Colombia del siglo XXI.
Construir una política de Estado para la diáspora, no una política de gobierno. Una verdadera política de Estado.
Esto último nos lleva a reafirmar que hoy en día, la forma más viable para conseguirlo, es creando la «Consejería Presidencial para las Migraciones», cuyos avances pueden ver aquí.
El papel del periodismo
También el periodismo tiene responsabilidades.
Durante demasiado tiempo, la información sobre los colombianos en el exterior ocupó espacios marginales dentro de la agenda nacional.
Las historias de éxito apenas se conocían, las dificultades rara vez ocupaban titulares, las propuestas de la diáspora pocas veces llegaban al debate público.
Ese vacío informativo permitió que millones de colombianos permanecieran prácticamente invisibles para buena parte del país.
Por eso resulta fundamental que existan medios especializados capaces de investigar, documentar y mantener vivo ese debate.
No únicamente durante el mes de julio, sino durante todo el año.
Una reflexión para Colombia
Quizá haya llegado el momento de cambiar una idea que durante décadas se repitió casi sin cuestionamientos.
No existen dos Colombias, no existe una Colombia «de adentro» y otra «de afuera». ¡Existe una sola nación!.
Una nación cuyos ciudadanos viven en diferentes lugares del mundo, pero que comparten la misma historia, los mismos símbolos, ños mismos derechos. Y, sobre todo, el mismo deseo de ver un país más justo, más moderno y más incluyente.
El verdadero legado del 20 de julio
Si algo demuestra la historia iniciada en 1810 es que la libertad nunca constituye una conquista definitiva.
Cada generación tiene la responsabilidad de fortalecerla. Los próceres lucharon por la independencia política. Las generaciones posteriores construyeron instituciones. Otras defendieron la democracia.
Hoy corresponde consolidar una República que reconozca plenamente a todos sus ciudadanos, sin importar si viven en Leticia, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Madrid, Nueva York, Toronto, Londres, Sídney, Santiago o Tokio.
Porque la nación colombiana no termina donde termina el mapa, continúa allí donde exista un colombiano dispuesto a trabajar, emprender, enseñar, investigar, crear, servir o simplemente transmitir a sus hijos el orgullo de pertenecer a Colombia.
Una invitación al Estado y a la sociedad
Este recorrido por más de dos siglos de historia deja una enseñanza clara. El 20 de julio no debe limitarse a desfiles, actos protocolarios o discursos oficiales.
Debe ser una oportunidad para reflexionar sobre el país que hemos construido y, sobre todo, sobre el país que todavía queremos construir.
Un país donde emigrar sea una opción y no una obligación; donde regresar sea posible para quien así lo desee; donde los colombianos en el exterior sean escuchados, respetados e incorporados a las grandes decisiones nacionales.
Y donde la palabra independencia también signifique igualdad de oportunidades, respeto por los derechos humanos, participación democrática, justicia social y reconocimiento pleno de una diáspora que hace mucho dejó de ser periférica para convertirse en un actor estratégico del desarrollo nacional.
Epílogo
El 20 de julio de 1810 no fue el final de una historia, fue apenas el primer capítulo.
Desde entonces han transcurrido guerras, constituciones, reconciliaciones, crisis, transformaciones económicas, cambios sociales y una de las mayores migraciones de nuestra historia.
Sin embargo, el hilo que une todas esas etapas sigue siendo el mismo…la búsqueda permanente de una Colombia mejor.
Una Colombia capaz de aprender de su pasado sin quedar prisionera de él. Una Colombia que comprenda que sus fronteras ya no terminan en La Guajira, el Amazonas o el Pacífico.
Porque hoy también llegan hasta donde late el corazón de un colombiano. Sea cual sea el lugar del mundo donde ese colombiano haya decidido construir su vida.
Mensaje final de Ricardo Marín Rodríguez, creador y director de COLEXRET, investigador, escritor, y experto en Temática Migratoria Colombiana Internacional.
«Esta investigación no pretende cerrar un debate, por el contrario, busca abrir uno nuevo.
Invita a revisar nuestra historia sin mitos ni simplificaciones, a reconocer los aciertos, pero también los errores. A valorar el aporte de quienes construyen país dentro y fuera del territorio nacional.
Y a comprender que la independencia iniciada el 20 de julio de 1810 no pertenece únicamente a quienes aparecen en los libros de historia.
También pertenece a millones de colombianos anónimos que, durante más de dos siglos, han seguido construyendo Colombia desde cualquier lugar del mundo.
Porque la patria no termina donde termina el territorio, la patria continúa donde continúan sus ciudadanos.
Para finalizar,
Este especial periodístico ha querido ofrecer una mirada amplia, crítica y pedagógica sobre el 20 de julio de 1810, conectando el nacimiento de la República con una realidad pocas veces incorporada a la historia nacional, la de los millones de colombianos que hoy viven en el exterior.
Lejos de constituir un capítulo separado de la historia de Colombia, la diáspora forma parte de ella.
Comprender esa realidad constituye uno de los grandes desafíos políticos, sociales y culturales del siglo XXI.
Quizá haya llegado el momento de que la historia de Colombia empiece, por fin, a escribirse completa».
NOTA: Como director de esta Casa informativa, expreso mis más sinceros agradecimientos a cada una de los colombianos en el exterior que nos contaron sus experiencias frente al tema de la celebración del 20 de julio en las circunscripciones de la diferentes sedes consulares y diplomáticas de Colombia en el mundo.
Igualmente agradezco a los directores de Centros de archivos documentales físicos y virtuales, nacionales e internacionales que muy amablemente nos permitieron acceder a la información que reposa en estos para poder enriquecer esta investigación.
Agradecimientos extensivos a todas las demás instituciones y organizaciones oficiales y privadas, lo mismo que a altas personalidades de la vida pública y privada; y con gran importancia a escritores versados en el tema tratado, por las largas horas que nos dedicaron a resolver dudas que teníamos al respecto.
Todos ellos son los siguientes con sus respectivos enlaces para quien lo desee pueda igualmente consultar la información que desee, o comprobar lo que describimos en los 10 artículos que dedicamos para divulgar esta investigación:
Archivos y entidades oficiales colombianas:
Archivo General de la Nación de Colombia
Biblioteca Nacional de Colombia
Banco de la República – Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango
Academia Colombiana de Historia
Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia
Registraduría Nacional del Estado Civil
Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE)
Fuentes internacionales
UNESCO Digital Library
Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
Naciones Unidas – Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (UN DESA)
Banco Mundial
Bibliotecas y archivos históricos internacionales
Biblioteca Digital Mundial
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos
Normatividad consultada
Constitución Política de Colombia
Sistema Único de Información Normativa (SUIN-Juriscol)
Libros fundamentales que respaldan la investigación, incluyendo obras clásicas:
David Bushnell – Colombia: Una nación a pesar de sí misma.
Jorge Orlando Melo – Historia mínima de Colombia.
Germán Arciniegas – Los Comuneros.
Indalecio Liévano Aguirre – Bolívar.
John Lynch – Simón Bolívar.
Marco Palacios y Frank Safford – Colombia: País fragmentado, sociedad dividida.


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