Invitamos a leer la primera parte de esta investigación aquí.
Consulados Honorarios: Colombia debe acabar con esta figura
El sistema tiene controles, pero la propia Cancillería reveló grandes vacíos de información
Aquí está quizá el núcleo de toda esta investigación.
No estamos diciendo que Colombia carezca de normas, pues las tiene; ni que Colombia no tenga procedimientos, por que los tiene. Tampoco estamos diciendo que no pueda remover cónsules, por supuesto que puede hacerlo.
El problema es que la propia Cancillería reconoció ante COLEXRET enormes vacíos de información histórica y estadística. Veamos:
No tenía:
- Inventario histórico desde 1963;
- Registro consolidado de cónsules que salieron;
- Motivos de sus salidas;
- Estadísticas independientes de ciudadanos atendidos;
- Inventario histórico de actividades;
- Inventario histórico de categorías;
- Inventario detallado de propuestas de apertura;
- Discriminación de propuestas aprobadas y rechazadas;
- Inventario detallado de solicitudes de renovación;
- Información consolidada sobre investigaciones nacionales o extranjeras.
Y esto ocurrió a pesar de que la misma Cancillería es la institución responsable de estudiar y evaluar la creación de estas oficinas y el nombramiento de sus titulares.
Colombia continúa abriendo consulados honorarios
La contradicción es todavía mayor.
La Cancillería no solamente mantiene la figura, también ha continuado abriendo oficinas honorarias.
Por ejemplo, en 2022 su informe de gestión registró la apertura y nombramiento de seis consulados honorarios en Daca, Belmopán, Capadocia, Antalya, Salvador de Brasil y Surabaya.
Es decir, mientras se reconocen dificultades de información y control, la figura continúa utilizándose.
Y esto plantea una pregunta que merece una respuesta pública:
¿Qué evaluación integral se hizo antes de seguir expandiendo una estructura sobre la cual el propio Ministerio admite no tener información histórica consolidada?
Colombia está suprimiendo consulados honorarios
Y aquí aparece una contradicción todavía más fuerte.
En 2025, Colombia suprimió el Consulado General Honorario en Tema, Ghana.
En 2026, mediante varios decretos, fueron suprimidos otros consulados honorarios.
Darwin, Australia
El Decreto 444 de 2026 suprimió el Consulado Honorario de Colombia en Darwin después de que había cesado la cónsul Giovanna Ismenia Cortés Escamilla en 2023 y un estudio de conveniencia de diciembre de 2025 concluyera que procedía la supresión.
Wellington, Nueva Zelanda
El Decreto 446 de 2026 suprimió el Consulado Honorario de Wellington después de la cesación de funciones de Peter Cullen y de un estudio de conveniencia que concluyó que no debía continuar.
Praga, República Checa
El Decreto 447 de 2026 estableció la supresión porque Colombia abrió una Embajada en Praga y, según el propio decreto, resultaba imposible la coexistencia de la oficina honoraria y la embajada en la misma ciudad.
Islamabad, Pakistán
El Decreto 448 de 2026 suprimió el Consulado Honorario en Islamabad después de la cesación de funciones de Syed Shibli Faraz y de un estudio de conveniencia que determinó la procedencia de la supresión.
Y también fue suprimido el Consulado General Honorario en Río de Janeiro mediante el Decreto 445 de 2026.
Esto demuestra que la propia Colombia reconoce, caso por caso, que una oficina honoraria puede dejar de ser conveniente.
Entonces, la pregunta que COLEXRET plantea es:
¿Por qué evaluar solamente oficina por oficina y no evaluar de una vez la conveniencia de toda la figura?
El caso Praga es especialmente revelador
Praga demuestra que cuando Colombia dispone de una estructura diplomática profesional, la oficina honoraria pierde su razón de coexistencia.
El Gobierno abrió una Embajada en la República Checa, y entonces el consulado honorario fue suprimido.
No porque la institución fuera ilegal, sino porque la existencia de una representación profesional hacía innecesaria la coexistencia de la oficina honoraria.
¿No debería aplicarse el mismo razonamiento en otros lugares? ¿Por qué no reemplazarlos por consulados móviles?
Colombia ya tiene una herramienta que ha demostrado ser mucho más adaptable, los consulados móviles.
En lugar de mantener indefinidamente una representación honoraria dirigida por un particular, un consulado profesional puede desplazarse temporalmente a ciudades con comunidades colombianas importantes.
Allí se prestan servicios directamente por funcionarios consulares, lo que permite identificar cuántas personas fueron atendidas; saber qué servicios recibieron; medir resultados; establecer fechas; evaluar costos; mantener control institucional; y garantizar que quien presta el servicio pertenece directamente al Estado.
Eso es trazabilidad.
El modelo digital también cambió las reglas del juego
Cuando nació el sistema de consulados honorarios, las comunicaciones internacionales eran completamente diferentes.
Hoy un colombiano puede comunicarse con una representación consular mediante correo electrónico; plataformas digitales; sistemas de citas; videollamadas; redes institucionales; páginas web; sistemas de registro; líneas de atención; consulados móviles.
La tecnología no reemplaza la protección física en emergencias, pero sí reduce considerablemente la necesidad de mantener una oficina permanente dirigida por un particular simplemente para funcionar como enlace.
La Cancillería debe diferenciar diplomacia económica de protección consular
Es posible que un empresario reconocido, una persona con influencia económica o alguien con excelentes relaciones institucionales pueda ayudar a Colombia a promover negocios. Eso puede ser útil.
Pero una cosa es promover inversión, comercio, cultura o turismo, y otra completamente distinta es proteger a un colombiano detenido, atender una emergencia, asistir a una víctima, tramitar una situación consular o manejar información personal.
La segunda requiere controles mucho más rigurosos.
Por eso Colombia debería preguntarse si no está mezclando en una misma figura dos objetivos diferentes.
¿Son los consulados honorarios una especie de privilegio social?
Esta es una pregunta incómoda, pero necesaria.
La normativa exige condiciones económicas para que el candidato pueda sostener la oficina.
También exige reconocimiento, recomendaciones y una posición destacada en determinados sectores cuando no se cuenta con título universitario o determinados méritos.
Eso inevitablemente conduce a una estructura en la que el candidato suele pertenecer a sectores con capacidad económica y reconocimiento social.
No significa que todos sean “oligarcas”. No significa que todos sean amigos de presidentes o ministros. Y sería irresponsable afirmarlo sin pruebas individuales.
Pero sí es legítimo preguntar ¿Hasta qué punto el nombramiento de cónsules honorarios puede convertirse en una distinción para personas con poder económico, empresarial o social?
Y, si existe esa posibilidad, el Estado debe impedir que el cargo se convierta en un premio.
Representar a Colombia no debe ser un privilegio social, debe ser una responsabilidad.
Colombia no puede exportar sus propios problemas de corrupción y politiquería
La denuncia proveniente de Bulgaria lo expresó con crudeza.
La comunidad colombiana manifestó su preocupación por que prácticas de corrupción o politiquería pudieran terminar reproduciéndose en el exterior.
Y pidió veeduría ciudadana y mayor transparencia en la selección de los cónsules honorarios.
Es una advertencia que Colombia debería escuchar, porque los problemas de transparencia no desaparecen al cruzar una frontera.
Si un procedimiento es opaco en Colombia, puede ser igualmente opaco en una embajada o consulado. Y cuando la persona seleccionada va a representar oficialmente al país, el riesgo reputacional aumenta.
¿Por qué la comunidad colombiana no debería tener voz?
No se propone que las comunidades colombianas en el exterior nombren directamente a los cónsules, ya que la política exterior corresponde al Estado.
Pero una cosa es decidir y otra ocultar.
La comunidad debería poder conocer públicamente:
- “Esta persona fue postulada”.
- “Estos son sus antecedentes profesionales”.
- “Esta es su nacionalidad”.
- “Estos son sus vínculos con Colombia”.
- “Estas son las razones para considerar conveniente su designación”.
- “Estas serán sus funciones”.
- “Este será el mecanismo para presentar quejas”.
Eso permitiría una verdadera veeduría ciudadana.
La Cancillería debería publicar una base de datos completa
COLEXRET propone algo sencillo.
Una plataforma pública en la que aparezca cada consulado honorario colombiano con:
- País, ciudad y circunscripción.
- Nombre del titular.
- Nacionalidad.
- Fecha de nombramiento.
- Decreto de nombramiento.
- Fecha de vencimiento.
- Renovaciones.
- Profesión.
- Formación.
- Actividades empresariales relevantes.
- Vínculos con Colombia.
- Funciones autorizadas.
- Horarios.
- Datos oficiales de contacto.
- Número de ciudadanos atendidos.
- Número y tipo de servicios prestados.
- Informes de gestión no reservados.
- Quejas recibidas.
- Quejas resueltas.
- Investigaciones conocidas.
- Fecha de terminación.
- Motivo de terminación.
- Estado actual de la oficina.
Si algo debe permanecer reservado por razones diplomáticas, que se reserve, pero el resto debe ser público, y debe publicarse quiénes los postularon
Esta información es fundamental, porque el candidato no aparece de la nada.
La normativa establece que la propuesta parte de la misión diplomática correspondiente y debe justificar la conveniencia de la apertura y del nombramiento.
Entonces debería conocerse:
- ¿Quién propuso a cada cónsul?
- ¿Quién lo recomendó?
- ¿Qué embajador emitió el concepto?
- ¿Qué razones expuso?
- ¿Qué concepto emitió la Dirección competente?
No para perseguir a nadie, sino para poder verificar que el proceso fue transparente.
Los sindicatos de la carrera diplomática también deberían pronunciarse
La investigación de COLEXRET planteó en su momento una pregunta dirigida a organizaciones de la carrera diplomática como UNIDIPLO y ASODIPLO:
¿Por qué no se discute con mayor fuerza el modelo de consulados honorarios?
La pregunta sigue vigente.
Si se defiende la profesionalización del servicio exterior, debería existir una posición clara sobre la conveniencia de mantener una red paralela de particulares investidos con funciones consulares.
No basta con defender los derechos laborales de los funcionarios de carrera, también debe discutirse qué modelo consular necesita Colombia.
El problema no es contra los cónsules honorarios como personas
Esto también debe quedar absolutamente claro.
COLEXRET no está acusando a los 36 titulares de aquella relación de cometer delitos, tampoco afirma que todos sean corruptos, ni que todos sean inútiles.
Hay personas que pueden haber realizado aportes importantes.
El problema es la estructura. El problema es la falta de medición. El problema es la falta de información consolidada. El problema es la posibilidad de conflictos de intereses. El problema es la dificultad de conocer públicamente qué hace cada oficina. El problema es la supervisión. El problema es la necesidad real de mantenerlas. Y el problema es que Colombia tiene alternativas profesionales.
Pero hay algo que sí puede afirmarse, la figura no es indispensable
La propia Convención de Viena dice que los Estados son libres de decidir si utilizan esta institución.
La propia legislación colombiana permite suprimir oficinas.
La propia Cancillería ha suprimido oficinas.
La propia experiencia demuestra que cuando se abre una embajada o un consulado profesional, un consulado honorario puede dejar de ser necesario.
Y la propia tecnología ofrece mecanismos adicionales.
Por tanto, no existe ninguna razón para tratar los consulados honorarios como si fueran una institución intocable.
Colombia debe dejar de actuar solamente cuando aparece el problema
Ese es otro de los grandes defectos del modelo.
Florencia – Budapest – Bulgaria – Tema – Darwin – Wellington – Praga – Islamabad – Río de Janeiro.
Cada caso tiene sus particularidades, pero todos dejan una enseñanza, la figura requiere vigilancia permanente.
Y si requiere tanta vigilancia para garantizar que un particular no se aparte de sus funciones, hay que preguntarse si no resulta más eficiente que esas funciones sean desarrolladas directamente por funcionarios profesionales.
Una representación oficial no debería depender de la buena voluntad de un particular
La expresión “honorario” puede sonar noble, y probablemente lo es en su origen, pero en la administración pública moderna debemos mirar más allá del nombre.
Un particular puede tener la mejor voluntad del mundo. Puede dedicar horas gratuitamente. Puede pagar la oficina de su bolsillo. Puede conocer perfectamente a las autoridades locales. Puede amar a Colombia.
Todo eso es positivo, pero el Estado debe preguntarse:
- ¿Qué ocurre cuando esa persona deja de actuar correctamente?
- ¿Qué ocurre cuando aparecen intereses empresariales contrapuestos?
- ¿Qué ocurre cuando tiene conflictos políticos?
- ¿Qué ocurre cuando maneja información sensible?
- ¿Qué ocurre cuando deja el cargo y no entrega los archivos?
- ¿Qué ocurre cuando la comunidad cuestiona su actuación?
- ¿Qué ocurre cuando una autoridad extranjera lo investiga?
El caso de Florencia demuestra que estas preguntas no son imaginarias.
El Estado debe proteger también su propio nombre
Cuando un cónsul honorario actúa mal, no solo perjudica a quien presenta una queja, sino que,
- Puede perjudicar la reputación de Colombia.
- Puede deteriorar la confianza de la comunidad colombiana.
- Puede generar problemas con las autoridades del país receptor.
- Puede afectar relaciones comerciales.
- Puede producir cuestionamientos diplomáticos.
- Puede terminar en medios de comunicación internacionales.
Por eso la pregunta correcta no es cuánto cuesta el cónsul, la pregunta correcta es:
¿Cuánto puede costarle a Colombia mantener una figura mal controlada?
La experiencia internacional ya ofrece suficientes advertencias
Como lo informamos anteriormente, ICIJ y ProPublica encontraron que algunos cónsules honorarios utilizaron sus cargos para obtener beneficios económicos o políticos, evadir controles, proteger intereses privados o aprovechar la confusión alrededor de sus privilegios.
La investigación también encontró casos de autoridades que no tenían claro exactamente qué inmunidad tenía un cónsul honorario o que trataron el estatus como una circunstancia atenuante.
Esto es precisamente lo que Colombia debe evitar.
No esperar al escándalo. No esperar al delito. No esperar a que un ciudadano denuncie.
Prevenir.
La posición de COLEXRET: los consulados honorarios deberían desaparecer
Después de revisar la legislación, las respuestas oficiales, la historia de la figura, el funcionamiento de las oficinas, la composición de sus titulares, los casos documentados, las denuncias de comunidades colombianas y las experiencias internacionales, COLEXRET mantiene una posición clara:
Los consulados honorarios de Colombia deberían desaparecer.
No porque toda persona que los haya ocupado sea cuestionable, ni porque la institución sea ilegal. Como tampoco porque la Convención de Viena obligue a eliminarlos.
Precisamente lo contrario, porque Colombia tiene libertad para decidir si los mantiene y porque existen alternativas mejores.
¿Cómo debería hacerse?
No proponemos abandonar a los colombianos, proponemos reemplazar el modelo.
Primero: Congelar nuevas aperturas.
No debería abrirse un nuevo consulado honorario mientras no exista una evaluación pública y objetiva de toda la red.
Segundo: No renovar automáticamente.
Cada renovación debería ser una verdadera evaluación de desempeño.
Tercero: Auditar toda la red.
Cada oficina debería ser sometida a una revisión integral.
Cuarto: Medir resultados.
Número de colombianos atendidos, número de casos, tipo de asistencia, resultados, quejas, tiempo de respuesta, actividades realizadas.
Quinto: Fortalecer consulados de carrera
Donde exista una comunidad colombiana significativa, debe priorizarse una estructura profesional.
Sexto: Ampliar los consulados móviles
Llevar directamente los servicios profesionales a las ciudades donde no existe consulado permanente.
Séptimo: Fortalecer la atención digital
No todo requiere una oficina física.
Octavo: Establecer convenios institucionales
Cuando sea necesario disponer de un espacio físico temporal, puede utilizarse infraestructura local mediante convenios supervisados por el consulado profesional.
Noveno: Publicar toda la información no reservada
La ciudadanía debe poder saber quién representa oficialmente a Colombia.
Décimo: Fijar como meta la desaparición progresiva de la figura
No de un día para otro, no dejando comunidades abandonadas, pero sí con una política clara de transición.
No más diplomacia de vitrina
Colombia no necesita personas que lleven el título de cónsul simplemente porque tienen dinero, prestigio, relaciones o reconocimiento social.
Colombia necesita servidores responsables. Necesita diplomáticos profesionales. Necesita funcionarios consulares capacitados. Necesita atención permanente. Necesita protección. Necesita transparencia. Necesita estadísticas. Necesita control. Necesita rendición de cuentas.
Y necesita que los colombianos en el exterior sepan quién responde cuando algo sale mal.
La Cancillería tiene una obligación pendiente con los colombianos
La investigación de COLEXRET no surgió de una animadversión contra la diplomacia. Todo lo contrario.
COLEXRET reconoce que la diplomacia y la inmunidad que realmente necesita el Estado colombiano son instrumentos indispensables para las relaciones internacionales.
Lo que cuestionamos es que un particular pueda recibir una representación oficial del Estado y que posteriormente el propio Estado reconozca que no dispone de información histórica y estadística suficiente para responder preguntas elementales sobre esa estructura.
Ese es el verdadero problema.
¿Puede Colombia demostrar que los necesita?
La pregunta queda sobre la mesa.
Que la Cancillería diga cuántos colombianos atiende cada consulado honorario.
Que diga qué servicios presta, cuánto tiempo lleva cada titular, quién lo postuló, por qué fue escogido, qué categoría tiene, qué actividades ha desarrollado, qué investigaciones existen, cuántas quejas ha recibido, cuántas renovaciones ha tenido, cuánto cuesta supervisarlo, qué valor aporta que no pueda aportar un consulado profesional.
Y que diga por qué, si en varios países las oficinas han sido suprimidas por falta de conveniencia, Colombia sigue considerando que la figura debe fortalecerse.
Mientras tanto, la Cancillería celebra la figura
El 28 de julio de 2026, el Ministerio de Relaciones Exteriores realizó el Primer Encuentro de Cónsules Honorarios de Colombia, con el propósito declarado de fortalecer vínculos institucionales, compartir experiencias y consolidar una estrategia conjunta.
La Cancillería destacó la labor de los cónsules honorarios y su papel como aliados estratégicos de Colombia. Entre los participantes estuvieron Joseph Buhagiar, cónsul honorario en La Valeta; Maricel Romero Cantillo, en Abuja; José Rodrigo Bejarano Restrepo, en Praia; Katalin Ágnes Nagy, en Szeged; y Demba Abdoul Diallo, en Thiès, entre otros.
Nada de esto es ilegal, pero sí plantea una contradicción política que merece explicación.
Mientras Colombia suprime consulados honorarios por falta de conveniencia, abre otros, mantiene la figura y organiza encuentros para fortalecerla.
Entonces:
¿Cuál es la política de Estado? ¿Fortalecerlos? ¿Reducirlos? ¿Sustituirlos? ¿Mantenerlos indefinidamente?
Los colombianos tienen derecho a saberlo.
COLEXRET concluye
Después de todo lo investigado, una cosa queda clara, el problema no es que existan personas dispuestas a ayudar a Colombia gratuitamente.
El problema es que Colombia ha convertido esa buena voluntad en una representación oficial que requiere controles, supervisión y transparencia mucho mayores de los que la propia Cancillería ha demostrado poder acreditar.
Un Estado moderno no puede administrar una estructura con respuestas como:
- “No contamos con un inventario histórico”.
- “No contamos con registros independientes”.
- “No existe un inventario histórico de actividades”.
- “No existen criterios estándar para la designación de la categoría”.
- “No contamos con el inventario detallado de las propuestas”.
- “No contamos con el inventario detallado de las renovaciones”.
- Eeste Ministerio no cuenta con la información solicitada”.
Todas esas respuestas fueron entregadas a esta Casa informativa COLEXRET en el marco de nuestra investigación.
Y cuando una estructura representa oficialmente a Colombia, esa falta de información no puede considerarse un asunto menor.
Colombia no necesita diplomáticos de vitrina
Colombia necesita una política exterior seria, una política consular profesional, que sus ciudadanos en el exterior tengan a quién acudir.
Necesita consulados que respondan, funcionarios que puedan ser identificados, evaluados y controlados.
Necesita estadísticas, transparencia, tecnología, consulados móviles, protección consular.
Y necesita acabar con cualquier espacio donde la representación del Estado pueda confundirse con un reconocimiento personal.
Porque representar a Colombia no es un premio. No es una medalla. No es un título social. No es una puerta para obtener prestigio. No es un mecanismo para ampliar relaciones personales.
Es una responsabilidad pública. Y una responsabilidad pública debe estar sometida a controles públicos.
La propuesta final: abolir progresivamente los consulados honorarios
Por todo lo anterior, COLEXRET sostiene que Colombia debe adoptar una política de Estado para abolir progesivamente sus Consulados honorarios en el mundo.
Que no se abran nuevos. Que no se renueven automáticamente los existentes. Que se auditen todos. Que se publiquen sus resultados. Que las funciones necesarias sean transferidas a consulados de carrera. Que los consulados móviles cubran las ciudades donde sea necesario. Que la tecnología facilite la atención permanente. Que ninguna comunidad colombiana quede desprotegida durante la transición.
Y que, finalmente, Colombia deje de necesitar esta figura.
Porque si la Convención de Viena permite decidir libremente si se nombran cónsules honorarios, Colombia también tiene derecho a decir, ya no los necesitamos.
Menos privilegios para particulares y más servicios para los colombianos
Esta investigación deja una última reflexión.
Colombia no puede exigir transparencia a sus ciudadanos mientras mantiene estructuras sobre las cuales la propia administración reconoce importantes vacíos de información.
No puede hablar de modernización mientras conserva mecanismos diseñados para una realidad internacional muy diferente.
No puede hablar de lucha contra la corrupción mientras no conoce siquiera con precisión el historial completo de quienes han recibido una representación oficial.
No puede hablar de protección de los colombianos mientras no puede medir de manera independiente cuántos son atendidos por cada oficina.
Y no puede pretender que la comunidad colombiana acepte silenciosamente que alguien la represente sin siquiera conocer cómo fue seleccionado.
Por eso la discusión debe dejar de ser diplomática y protocolaria. Debe ser ciudadana, administrativa, política. Y debe ser pública.
Colombia debe escoger entre mantener una figura tradicional por costumbre o construir una red consular profesional, moderna, medible y transparente.
COLEXRET ya escogió.
Los consulados honorarios de Colombia deben desaparecer.
No mañana. No cuando ocurra otro escándalo. No cuando aparezca otro caso como Florencia. No cuando otra comunidad tenga que salir a denunciar.
Ahora debe comenzar la discusión.
Porque, reiteramos, Colombia no necesita diplomáticos de vitrina.
- Necesita servidores públicos al servicio de sus ciudadanos.
- Necesita menos privilegios para particulares y más protección para los colombianos.
- Necesita menos opacidad y más transparencia.
- Necesita menos improvisación y más control.
- Necesita menos títulos y más resultados.
Y, sobre todo, necesita recordar que los colombianos que viven fuera del territorio nacional siguen siendo Colombia.
En los siguientes enlaces cada uno de los artículos que componen esta investigación, donde se incluyen estadísticas y respuestas oficiales de la Cancillería colombiana sobre el tema.
- Irregularidades en Consulado Honorario Colombiano.
- Historia de los Consulados honorarios colombianos en el mundo.
- Nombramiento de Cónsules Honorarios Colombianos, sus funciones y obligaciones.
- ¿Cuántos Cónsules honorarios de Colombia en el mundo son colombianos?
- Cónsules honorarios y la posibilidad de delinquir gracias a la inmunidad diplomática.
- Increíble desconocimiento de Cancillería sobre Consulados honorarios colombianos en el mundo.


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