A tan solo tres (3) días de las elecciones para elegir al Presidente que regirá el destino de Colombia durante los siguientes cuatro (4) años, les entregamos este artículo tratando sobre el origen, los mitos, y el duro impacto en Colombia y Latinoamérica por la imposición de la tal «Ley Seca».
La Ley Seca Electoral: ¿Garantía de orden público o castigo injustificado al comercio y al ciudadano?
Este debate regresa de forma cíclica cada vez que hay elecciones en Colombia, y en los demás países que la tienen instaurada.
Mientras el ciudadano se dispone a ejercer su derecho al voto, las rejas de los comercios de licores se cierran, los restaurantes ven sus mesas vacías y los eventos culturales se congelan.
La ley seca en elecciones se impone en pleno siglo XXI como un dogma de fe estatal que, bajo la premisa de garantizar la «sobriedad y el orden público», termina limitando libertades individuales y asfixiando económicamente a sectores productivos clave.
¿Tiene un sustento real la Ley Seca, o es simplemente el reflejo de un paternalismo institucional obsoleto?
¿De dónde nace la Ley Seca?
Para entender la ley seca hay que viajar en el tiempo. Su origen moderno más radical se encuentra en la famosa Enmienda 18 de la Constitución de los Estados Unidos (1920-1933), un experimento social que intentó prohibir el alcohol a nivel nacional y que solo sirvió para disparar el contrabando, fortalecer a las mafias y mermar los ingresos fiscales del Estado.
Sin embargo, a nivel electoral en América Latina, la medida se adoptó a mediados del siglo XX.
Nació en una época de altísima violencia partidista, donde la compra de votos se pagaba con aguardiente o chicha en las plazas públicas, y donde los centros de votación solían convertirse en batallas campales influenciadas por los excesos del alcohol.
Bajo ese escenario de fragilidad democrática, la restricción tenía una justificación preventiva razonable. El problema radica en que el contexto social ha cambiado, pero la legislación sigue inmutable.
¿En qué países se aplica la Ley Seca y en cuáles no?
El mapa del veto al alcohol en días de votación divide radicalmente al planeta. Lo analizamos así:
Países donde se mantiene viva la Ley Seca
Esta restricción es un fenómeno predominantemente latinoamericano. Se aplica con rigor en naciones como México, Perú, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras y, de manera muy estricta, en Colombia.
Los gobiernos que la defienden argumentan que el alcohol disminuye las capacidades de discernimiento del elector y actúa como un catalizador de riñas o alteraciones del orden público en jornadas de alta tensión política.
Países donde no se aplica la Ley Seca
En contraste, la gran mayoría de las democracias de Europa (España, Francia, Alemania, entre otros), América del Norte (Estados Unidos y Canadá) y el Cono Sur (como Chile o Uruguay) no contemplan la prohibición del alcohol durante sus elecciones.
En estos países se parte del principio de la responsabilidad ciudadana, aduciendo que, consumir una cerveza o una copa de vino en el almuerzo dominical no inhabilita a una persona para votar a conciencia, ni desata el caos social.
El Caso Colombia:
En Colombia, la ley seca no es una sugerencia; es un mandato presidencial reglamentado mediante decretos de orden público enmarcados en el Código Electoral, (Decreto 2241 de 1986).
Desarrollo, horarios y duración de la Ley Seca
Típicamente, la medida se articula a través del programa sectorial conocido como Plan Democracia, en donde los alcaldes locales, incluyendo al Distrito Capital de Bogotá, emiten decretos locales especificando los tiempos.
Inicio: Generalmente comienza a las 6:00pm. o a la medianoche del sábado anterior a la votación. Sin embargo, como en el caso para las elecciones que se celebrarán el próximo domingo 21, la medida en Bogotá se impuso a partir de hoy viernes a las 12 de la noche.
Finalización: Se extiende hasta las 6:00am. del lunes siguiente a la jornada electoral.
Duración: El confinamiento comercial del licor promedia entre 30 y 36 horas continuas, paralizando por completo la vida nocturna de todo un fin de semana.
Sanciones por incumplimiento a la Ley Seca
El desacato a esta norma acarrea graves consecuencias legales y financieras en el territorio colombiano, así:
Para los ciudadanos: Multas económicas contempladas en el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana -Ley 1801 de 2016-, impuestas mediante comparendo policial.
Para los establecimientos: El comerciante que expenda bebidas alcohólicas se expone a la suspensión temporal de la actividad económica; esto comprende el cierre inmediato del establecimiento por un periodo que va de 3 a 10 días, destruyendo el recaudo de semanas enteras de trabajo.
Lo qué dicen los protagonistas es un choque de opiniones
Los Políticos y Gobiernos defienden la medida a capa y espada. Para los Ministerios del Interior y la Policía Nacional, la ley seca facilita el control de cuadrantes y reduce la necesidad de desplegar aún más fuerza pública, permitiendo enfocar los recursos operativos estrictamente en la custodia de las mesas de votación.
Catedráticos y Politólogos: Existe un escepticismo creciente. Diversos analistas jurídicos señalan que la medida es un anacronismo que vulnera el libre desarrollo de la personalidad. Argumentan que el voto es un acto de confianza ciudadana y que tratar al electorado como «menores de edad propensos a la violencia» deslegitima la madurez democrática del país.
El Comercio Organizado (Fenalco y Asobares): Son las voces más críticas. Los gremios económicos denuncian con cifras en mano que un fin de semana con ley seca destruye hasta el 40% y 50% de los ingresos mensuales de bares, discotecas, hoteles y restaurantes.
Advierten los mencionados gremios que esto no disminuye el consumo, sino que dispara la venta informal y clandestina de licor adulterado en los hogares.
Ciudadanos del Común: La opinión está dividida. Mientras algunos sectores tradicionales ven con buenos ojos la calma en las calles durante el domingo de votaciones, los ciudadanos más jóvenes y trabajadores independientes la perciben como un atropello a su derecho al esparcimiento y una limitación injustificada a su libertad de consumo.
Pros y Contras de la Ley Seca
Para sopesar la efectividad de la restricción, es imperativo analizar la balanza de beneficios y perjuicios:
Pros:
Disminución de riñas periféricas: Al cerrar los expendios públicos de licor, se reducen los focos de aglomeraciones y disputas al calor de los tragos.
Logística policial simplificada: Se requiere menor esfuerzo en el control de disturbios nocturnos comunes, enfocando las patrullas en la seguridad vial y de los puestos de votación.
Percepción de solemnidad: Genera un ambiente de quietud que, según el Estado, invita a una jornada cívica en paz.
Contras:
Pérdidas económicas catastróficas: Se frena el empleo de miles de meseros, barmans, taxistas y proveedores.
Efecto «Abastecimiento Privado»: Quien desea beber compra el licor con anticipación el viernes y consume dentro de su residencia.
La ley seca no evita que la gente vote con guayabo; solo evita que consuma en establecimientos públicos vigilados.
Fomento de la ilegalidad: Estimula el mercado negro y la distribución de bebidas sin control sanitario.
¿Por qué no se deja de imponer la Ley Seca y qué pasaría si se aboliera?
La razón por la cual la Ley Seca se mantiene en países como Colombia es el miedo institucional al riesgo.
Ningún gobierno quiere asumir el costo político de derogar la medida y que, por coincidencias ajenas, se presente un disturbio aislado que la oposición pueda achacar a la «falta de control por el alcohol».
Es más fácil sostener una restricción tradicional que diseñar estrategias avanzadas de cultura ciudadana y control policial inteligente.
¿Qué efectos causaría si se dejara de imponer?
Si Colombia eliminara la ley seca mañana, el impacto inmediato se traduciría en una reactivación económica inmediata para el sector de servicios y entretenimiento, protegiendo miles de empleos.
Lejos de desatarse el caos apocalíptico que temen las autoridades, el país experimentaría un proceso de normalización democrática similar al de Chile o España, donde el día de elecciones se asume con la misma cotidianidad y madurez que cualquier otro domingo del año.
Desde COLEXRET, consideramos que mantener la ley seca es perpetuar una visión de desconfianza estatal hacia sus propios ciudadanos.
Si el colombiano es lo suficientemente maduro y responsable para elegir los destinos del país, definir el rumbo del Congreso o la Presidencia de la República, debe ser considerado igualmente responsable para decidir qué consume y cómo se comporta.
La verdadera seguridad democrática no se construye prohibiendo libertades, sino fortaleciendo la educación cívica y la cultura ciudadana.
¿No creen Señores gobernantes y legisladores que es hora de evolucionar?


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