La independencia comenzó a tener otro significado
¿Qué significa realmente el 20 de julio para los colombianos que viven en el exterior?
Para un colombiano que vive en Bogotá, Medellín o Cali, el 20 de julio representa un día festivo, un desfile militar o una fecha histórica.
Para quien vive en el exterior, esa misma fecha suele tener una carga emocional completamente distinta.
Es el día en que muchos vuelven a sentirse parte de un mismo país; es el momento de reencontrarse con amigos que hablan con el mismo acento, de presentar a los hijos nacidos en el extranjero las tradiciones de sus padres, de enseñarles el himno nacional, de explicarles qué ocurrió en 1810.
Y, sobre todo, de recordar que la identidad no desaparece cuando se cruza una frontera.
Para miles de niños nacidos fuera de Colombia, las celebraciones del 20 de julio representan el primer contacto consciente con la historia, la cultura y las tradiciones del país de sus padres.
En ese sentido, las celebraciones del 20 de julio cumplen una función que va mucho más allá del entretenimiento. Contribuyen a preservar la memoria colectiva de una comunidad dispersa por el mundo.
El papel de los consulados también cambió
Durante décadas, las sedes consulares fueron las únicas encargadas de organizar los actos oficiales.
Con el crecimiento de la diáspora, su papel comenzó a transformarse.
En muchas ciudades pasaron de ser organizadores exclusivos a convertirse en facilitadores. En otras, apoyaron logística, espacios, difusión o participación institucional.
Y en no pocos casos compartieron la organización con asociaciones comunitarias, empresarios colombianos, artistas y organizaciones culturales.
El resultado fue una celebración más abierta, más participativa y más cercana a la realidad de la diáspora.
También aparecieron diferencias
No todas las celebraciones evolucionaron de la misma manera, pues en ciudades donde existen comunidades colombianas muy numerosas, los eventos suelen convocar a miles de asistentes y extenderse durante todo un fin de semana.
En otros lugares, donde la presencia colombiana es reducida, la conmemoración continúa siendo un encuentro familiar o comunitario de menor tamaño.
También existen diferencias en el grado de apoyo institucional, pues mientras hay consulados con una estrecha relación con sus comunidades, otros, por diferentes circunstancias, han mantenido una participación más limitada.
Y existen asociaciones que organizan actividades completamente independientes.
Esa diversidad demuestra que no existe un único modelo de celebración del 20 de julio en el exterior.
Cada comunidad ha construido su propia manera de vivir la colombianidad.
Mucho más que música y gastronomía
Reducir estas celebraciones a conciertos, comidas típicas o bailes sería desconocer su verdadero significado.
En muchos países, el 20 de julio se ha convertido en un espacio para promover emprendimientos colombianos, difundir oportunidades académicas, fortalecer redes empresariales, reconocer liderazgos comunitarios, realizar jornadas de orientación consular, presentar proyectos sociales.
E incluso recaudar recursos para apoyar compatriotas en situación de vulnerabilidad.
En otras palabras, el Día de la Independencia también ha servido para fortalecer el tejido social de la diáspora, y es quizá sea una de sus mayores contribuciones.
Una historia que aún espera ser escrita completamente
Paradójicamente, cuanto más crecen estas celebraciones, menos se ha investigado su historia.
No alcanzan a imaginarse amigos lectores lo difícil que ha sido realizar este Especial histórico, pues no existe un archivo nacional que documente, año tras año, cómo evolucionaron.
No hay un registro unificado de las primeras celebraciones en cada país, tampoco una memoria institucional que reconozca el trabajo de cientos de asociaciones y líderes comunitarios que han mantenido viva esta tradición durante décadas.
Ese vacío no es menor. Porque un país que desconoce la historia de su diáspora termina desconociendo una parte de sí mismo.
Y quizá haya llegado el momento de comenzar a llenar ese vacío con investigaciones serias, archivos públicos y testimonios de quienes han construido, lejos del territorio nacional, una Colombia que también merece ser contada.
Como no encontramos todo en archivos oficiales, tuvimos que acudir a colombianos que llevan más de 20, 30, y hasta 50 años fuera del país, al igual que a exembajadores, excónsules y exfuncionarios de Cancillería, para poder traer a Uds. este encantador episodio histórico.
Durante años se ha repetido que los colombianos en el exterior son «los mejores embajadores del país». Pero, ¿esa frase se ha traducido realmente en políticas públicas?
¿Han recibido el reconocimiento institucional que merecen?, ¿Cómo ha evolucionado la participación de los diferentes gobiernos colombianos en las celebraciones del 20 de julio?, ¿Quién las financia realmente?
¿Cuál ha sido el papel de la Cancillería, de las embajadas, de los consulados y de la sociedad civil?
Y una pregunta aún más incómoda:
¿El Estado ha acompañado a su diáspora…o ha sido la diáspora la que, durante décadas, ha sostenido por sí sola buena parte de la presencia cultural de Colombia en el mundo?
Ese será pues el análisis dentro de uno de los capítulos de esta historia.
Para reflexionar
La historia de Colombia no terminó con la independencia, tampoco terminó con la creación de la República. Continúa escribiéndose todos los días.
Y una parte importante de esa historia ya no ocurre únicamente dentro del territorio nacional,
También se escribe en los consulados, en las asociaciones de colombianos, en los hogares de millones de migrantes, en las universidadese, en las empresas, en los emprendimientos creados por compatriotas que representan a Colombia en los cinco continentes.
La nación colombiana ya no cabe únicamente dentro de sus fronteras; hoy también vive más allá de ellas.
Fuentes consultadas: Archivo General de la Nación, Biblioteca Luis Ángel Arango – Banco de la República, Biblioteca Nacional de Colombia, Academia Colombiana de Historia, Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, DANE, Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Naciones Unidas, Banco Mundial, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Constitución Política de Colombia, SUIN-Juriscol y bibliografía especializada sobre la Independencia de Colombia y la historia republicana.
NOTA: Al finalizar esta investigación en el artículo 10, describiremos cada una de las fuentes que nos sirvieron de base para esta investigación junto con los enlaces para las respectivas comprobaciones y/o consultas que se requieran. Obviaremos los datos de las personas particulares (Colombianos con 20, 30, y más años residentes en el exterior), a petición de ellos mismos.


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