De Ministerio de Relaciones Exteriores a “Ministerio de los Escándalos”
Así le ha llamado el líder y activista socio-político colombiano residente en Taiwán, Inder Ramírez, con quien COLEXRET intercambio conceptos que dieron origen a este artículo, y que si lo leen hasta el final entenderán el por qué.
La política exterior colombiana atraviesa una de las etapas más turbulentas y erráticas de las últimas décadas.
Lo que históricamente fue un ministerio diseñado para defender los intereses nacionales, fortalecer alianzas estratégicas y proteger a los colombianos en el exterior, hoy parece haberse transformado en un escenario permanente de confrontaciones ideológicas, improvisación administrativa y escándalos políticos.
Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, la Cancillería no ha sido noticia por grandes logros diplomáticos, tratados estratégicos o fortalecimiento consular. Ha sido noticia por peleas internacionales, rupturas diplomáticas, investigaciones disciplinarias, renuncias, contratos cuestionados y una evidente politización del servicio exterior.
La percepción internacional de Colombia cambió. El país pasó de ser considerado un aliado relativamente estable en América Latina a convertirse en un actor impredecible, marcado por tensiones constantes con gobiernos aliados y socios comerciales históricos.
Las crisis diplomáticas que han marcado el gobierno Petro
1. Ruptura y confrontación con Israel
La decisión del gobierno Petro de romper relaciones diplomáticas con Israel marcó uno de los episodios más controversiales de la política exterior reciente.
Las declaraciones del presidente colombiano comparando acciones militares israelíes con el Holocausto generaron fuertes críticas internacionales y deterioraron una relación histórica en cooperación militar, inteligencia y tecnología.
Más allá de las posiciones ideológicas sobre Gaza, numerosos analistas internacionales cuestionaron que Colombia actuara más desde la emocionalidad política y el activismo discursivo que desde una estrategia diplomática racional.
2. Tensiones crecientes con Estados Unidos
Las relaciones con Estados Unidos, principal socio estratégico y comercial de Colombia durante décadas, también atravesaron momentos de alta tensión.
Diferencias sobre lucha antidrogas, transición energética, seguridad y política regional deterioraron una relación históricamente prioritaria para Colombia.
Aunque no hubo ruptura formal, sí se evidenció una pérdida de confianza mutua y un enfriamiento político evidente frente a gobiernos anteriores.
3. Choques diplomáticos con Argentina
La confrontación verbal con el presidente argentino Javier Milei escaló hasta llamados a consultas diplomáticas y fuertes declaraciones cruzadas.
Las relaciones entre Colombia y Argentina terminaron atrapadas en disputas ideológicas y personales entre mandatarios.
El episodio dejó una sensación preocupante, pues la diplomacia colombiana parecía reaccionar más desde redes sociales y confrontaciones mediáticas que desde canales institucionales.
4. Perú, Ecuador y las interferencias regionales
Las tensiones con Perú y Ecuador surgieron por declaraciones de Petro sobre asuntos internos de ambos países.
Diversos gobiernos latinoamericanos interpretaron las posturas del mandatario colombiano como intentos de intervención política regional.
El problema no fue únicamente ideológico. Fue diplomático. Colombia comenzó a proyectar la imagen de un gobierno dispuesto a opinar constantemente sobre conflictos internos ajenos mientras descuidaba sus propias prioridades internacionales.
Se pretende limpiar la casa ajena cuando la propia está hecha un chiquero.
5. Conflictos con El Salvador y Honduras
La confrontación con El Salvador y las críticas al modelo de seguridad del presidente Nayib Bukele también generaron tensiones innecesarias.
Mientras tanto, otros países de Centroamérica cuestionaban la falta de claridad de Colombia frente a migración, crimen transnacional y cooperación regional.
El escándalo de los pasaportes: el símbolo del caos institucional
Si hubo un episodio que sintetizó el desorden de la Cancillería fue el escándalo de los pasaportes.
La polémica alrededor del contrato con Thomas Greg & Sons derivó en investigaciones disciplinarias, demandas millonarias y la suspensión del entonces canciller Álvaro Leyva.
La Procuraduría concluyó que existieron presuntas irregularidades graves en el proceso contractual.
El caso terminó convirtiéndose en una crisis institucional completa, porque se presentaron conflictos, como,
- Suspensión del canciller;
- Investigaciones por desacato;
- Conflictos internos;
- Adjudicaciones reversadas;
- Improvisaciones administrativas; y
- Cuestionamientos internacionales sobre la capacidad operativa del Estado colombiano.
La situación mostró una Cancillería atrapada entre disputas políticas internas y decisiones improvisadas.
Álvaro Leyva: del histórico diplomático al centro del escándalo
El caso de Álvaro Leyva terminó siendo uno de los golpes políticos más fuertes para el gobierno Petro.
La suspensión disciplinaria y las investigaciones posteriores afectaron profundamente la credibilidad internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El problema no fue únicamente jurídico. Fue político e institucional.
Un canciller suspendido por la Procuraduría mientras el país enfrentaba múltiples tensiones diplomáticas proyectó una imagen de fragilidad y desorden administrativo.
Luis Gilberto Murillo y una Cancillería sin rumbo
La llegada de Luis Gilberto Murillo no logró estabilizar completamente la política exterior, pues aunque intentó moderar algunas tensiones internacionales, heredó una Cancillería desgastada, polarizada y golpeada por conflictos internos.
La sensación persistente era que la diplomacia colombiana había dejado de ser una política de Estado para convertirse en una extensión del debate ideológico doméstico.
Laura Sarabia y la concentración del poder político
El ascenso de Laura Sarabia dentro del gobierno también generó fuertes cuestionamientos.
Exjefe de gabinete, exdirectora del DPS, exDAPRE, excanciller y posteriormente embajadora en Reino Unido, su acumulación de cargos fue interpretada por críticos como una excesiva concentración de poder político alrededor del círculo presidencial.
Los cuestionamientos no solo apuntaron a nombres específicos, sino a una tendencia general: la politización creciente de la diplomacia colombiana.
¿Diplomacia profesional o plataforma electoral?
Uno de los cuestionamientos más repetidos durante este gobierno ha sido el uso de la política exterior como plataforma ideológica y electoral.
Muchos anuncios internacionales parecían diseñados más para consumo político interno y redes sociales que para construir relaciones estratégicas sostenibles.
La apertura de “Casas Colombia”, los viajes presidenciales y algunos eventos internacionales fueron criticados por sectores opositores que los consideran estrategias de visibilidad política antes que políticas públicas estructurales.
Asia, África y Oceanía: las regiones olvidadas
Inder Ramírez, sostiene que «Mientras el gobierno concentró gran parte de su atención diplomática en disputas políticas hemisféricas, enormes regiones estratégicas permanecieron prácticamente abandonadas.
China, Taiwán, Japón, Corea del Sur y varios países del sudeste asiático continúan teniendo enormes vacíos de atención consular y protección efectiva para colombianos vulnerables.»
Y las denuncias persisten sobre, colombianos encarcelados sin suficiente apoyo jurídico; víctimas de trata de personas; explotación laboral y sexual; violencia doméstica; menores sin documentación; y abandono consular.
La crítica central es contundente, mientras la Cancillería se consume en confrontaciones ideológicas, miles de colombianos en el exterior siguen sin protección real.
Comparación con los gobiernos anteriores
Gobierno de Álvaro Uribe
Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, la política exterior estuvo altamente alineada con Estados Unidos y enfocada en seguridad y lucha contra el terrorismo.
Aunque se presentaron innumerables críticas por excesiva dependencia de Washington, pero existía una línea diplomática clara y relativamente estable.
Gobierno de Juan Manuel Santos
El gobierno de Juan Manuel Santos apostó por el multilateralismo y la construcción de consensos internacionales.
El proceso de paz posicionó internacionalmente a Colombia como un actor diplomático relevante.
Gobierno de Iván Duque
La administración de Iván Duque mantuvo fuertes alianzas con Occidente y priorizó relaciones económicas y de seguridad.
A pesar que en su gobernanza enfrentó tensiones regionales por Venezuela, la Cancillería mantuvo mayor estabilidad institucional.
Gobierno Petro
El gobierno Petro introdujo una diplomacia altamente ideologizada, personalista y confrontacional.
La diferencia principal no es solo política. Es estructural.
Nunca antes la Cancillería había acumulado simultáneamente tantas crisis diplomáticas, más un canciller suspendido, escándalos contractuales internacionales, tensiones con múltiples gobiernos y cuestionamientos tan profundos sobre improvisación institucional.
Una crítica necesaria… pero también propuestas
Criticar el deterioro diplomático no basta. Colombia necesita reconstruir su política exterior.
Propuestas urgentes
1. Despolitizar la Cancillería
La diplomacia debe volver a ser una política de Estado y no una herramienta ideológica o electoral.
2. Profesionalizar el servicio exterior
Reducir nombramientos políticos y fortalecer la carrera diplomática.
3. Priorizar protección consular
Especialmente en Asia y regiones donde colombianos enfrentan trata, explotación y abandono.
4. Recuperar relaciones estratégicas
Colombia necesita estabilidad diplomática con socios clave, independientemente de diferencias ideológicas.
5. Modernizar la gestión consular
Digitalización, atención jurídica y mecanismos rápidos de asistencia internacional.
Concluyendo, la política exterior del gobierno Petro deja una pregunta incómoda pero inevitable:
¿La Cancillería sigue defendiendo los intereses nacionales o terminó convertida en un escenario permanente de confrontación política?
Porque mientras el mundo avanza hacia diplomacias pragmáticas, cooperación económica y protección efectiva de sus ciudadanos en el exterior, Colombia parece atrapada entre discursos ideológicos, crisis internas y escándalos administrativos.
Y esa factura diplomática, tarde o temprano, termina pagándola el país entero.
«¿Que viva el CAMBIO?»


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