Alejandro Murcia renunció a la candidatura, Olga Lucía Murcia y Camilo Florido hicieron el trabajo político de la campaña y, después de ganar las elecciones, él terminó reclamando la credencial.
En el día de ayer el Consejo de Estado avaló su elección por razones procedimentales, pero la controversia política y ética continúa.
Alejandro Murcia y la Curul Internacional: La renuncia que no tramitaron, la campaña que otros hicieron y la Curul que terminó en sus manos.
La decisión del Consejo de Estado de negar la demanda de nulidad electoral presentada por Camilo Florido contra Pedro Alejandro Murcia Lamprea, representante a la Cámara por la Circunscripción Internacional para el período 2026 – 2030, en vez de cerrar el debate deja abiertas preguntas de enorme trascendencia sobre la responsabilidad de los partidos políticos, la transparencia de las campañas electorales, el respeto por la palabra empeñada y, especialmente, el reconocimiento del trabajo político de las mujeres.
COLEXRET respeta el fallo judicial, como corresponde en un Estado de derecho, pero no lo comparte en absoluto. Y no lo comparte porque, aunque la justicia haya determinado que la elección de Murcia se ajustó a las formalidades electorales, existe una realidad documental que no puede desaparecer mediante una interpretación jurídica, y es que Alejandro Murcia presentó su renuncia a la candidatura, por escrito, con efectos inmediatos y ante las principales directivas del partido que lo inscribió.
Que esa renuncia no hubiera llegado formalmente a la autoridad electoral es precisamente el argumento que permitió mantener su candidatura. Pero la omisión procedimental no borra la comunicación, ni las circunstancias que la rodearon, ni las preguntas que deben responder quienes participaron en esta historia.
La legalidad de una elección no debería convertirse en una licencia para ignorar las responsabilidades políticas y éticas que se desprenden de los hechos.
Alejandro Murcia sí renunció, no es solo una interpretación, es un documento suyo
El 29 de enero de 2026, a las 6:46 de la tarde, Pedro Alejandro Murcia Lamprea remitió un correo electrónico a Gabriel Jaime Vallejo, director general del Centro Democrático; Fabio Andrade, director de esa colectividad en el exterior, y Olga Lucía Murcia Pinzón, integrante de la misma lista electoral. Renuncia de Alejandro Murcia
El asunto del mensaje era inequívoco, «Renuncia a aspiración a candidatura – Cámara de Representantes Circunscripción Internacional».
En su comunicación expresó:
«Por medio de la presente, de manera respetuosa y formal, me permito presentar mi renuncia a la aspiración como candidato a la Cámara de Representantes por la Circunscripción Internacional, en calidad de cabeza de lista».
Explicó que su decisión obedecía a dificultades e inconvenientes en el trabajo conjunto de campaña y a la ausencia del respaldo financiero que, según manifestó, había sido previamente acordado con el partido.
Y para que no quedara ninguna duda sobre su voluntad, terminó señalando:
«La presente renuncia rige a partir de la fecha, con efectos inmediatos».
¿Puede alguien negar que ese documento existe? ¿Puede alguien afirmar que Alejandro Murcia nunca manifestó su voluntad de apartarse de la candidatura?
No. El propio Consejo de Estado reconoce expresamente la existencia y el contenido de esa comunicación en los numerales 73 y 74 de su sentencia del día de ayer 5 de noviembre, y visible al completo aquí.
Por tanto, COLEXRET no está inventando una renuncia, no está tergiversando una conversación privada ni está difundiendo una versión sin sustento documental.
La renuncia existió. Lo que discutió la justicia fue su eficacia dentro del procedimiento electoral. Es decir, Pedro Alejandro Murcia Lamprea es Representante a la Cámara por los colombianos en el exterior, unica y exclusivamente por un fallo procedimental, no porque los ciudadanos lo hubieran visto como cabeza visible en la lista del Centro Democrático para elegirlo.
Si ese fallo procedimental no hubiera existido, ese individuo no estaría en ese cargo, y si Olga Lucía Murcia, quien fue la que realmente hizo campaña, y puso su imagen y trabajo ante el electorado.
El Centro Democrático recibió la renuncia, pero no hizo lo que correspondía
Aquí aparece uno de los principales responsables políticos de esta controversia, y quien debe salir públicamente a dar explicaciones, si le queda dignidad, ética, honradez y honestidad, el Centro Democrático.
La organización recibió la comunicación de su candidato. Conoció sus motivos, conoció su decisión y tuvo conocimiento de que pretendía apartarse de la aspiración.
Sin embargo, la renuncia no fue radicada ante la autoridad electoral correspondiente. Quisieron evitar en su momento el escándalo. Uno más de los que se le presentaron en esa contienda electoral. Ver aquí.
El Consejo de Estado lo dejó establecido en los numerales 75 y 76 de la providencia. La Registraduría informó que no recibió formalmente la comunicación del 29 de enero y, por esa razón, no le dio trámite.
La consecuencia fue que la inscripción electoral permaneció intacta.
El 2 de febrero, el partido publicó un comunicado anunciando la continuidad de Alejandro Murcia como candidato. Ojo, como candidato, no como cabeza de lista. Y lo hizo únicamente, reiteramos, por no crear más escándalos de los que ya tenía en ese momento, pero prometiéndole a Olga Lucía Murcia que si se ponía frente a la campaña, ella sería la Representante en caso de que se obtuviera el triunfo electoral.
¿Por qué, si el partido conocía la renuncia de su cabeza de lista, no se aseguró de que se cumpliera el procedimiento legal correspondiente y se aclarara oportunamente la situación ante las autoridades electorales y los ciudadanos?
Ya respondimos a esta pregunta en el párrafo anterior. El partido no puede esconderse detrás de una formalidad que estaba en condiciones de gestionar.
Si recibió una comunicación tan importante para el desarrollo de una campaña electoral, tenía una responsabilidad política e institucional que no podía tratarse como un simple asunto de correspondencia interna.
El resultado de esa omisión fue que Alejandro Murcia conservó su posición en la lista y terminó recibiendo la credencial sin que tuviera derecho ético ni moral a ella.
La sentencia declaró que la elección era legal. Pero no convirtió la actuación del partido en un ejemplo de transparencia, diligencia o responsabilidad política.
El Centro Democrático, en cabeza de Gabriel Jaime Vallejo, director general del partido, y Fabio Andrade, director de esa colectividad en el exterior, actuó de una forma cobarde y rastrera ante la situación presentada.
Coadyuvaron, son los cómplices directos del oportunismo, bellaquería, canallada, falsedad, mentira, engaño, y machismo demostrado por Pedro Alejandro Murcia Lamprea.
En un próximo artículo detallaremos y con pruebas fehacientes probaremos lo que estamos diciendo.
Olga Lucía Murcia: la mujer que merece el reconocimiento que otros parecen haber olvidado
En esta historia hay una protagonista cuyo papel no puede seguir quedando relegado a un segundo plano, Olga Lucía Murcia Pinzón.
Mientras se desarrolla la controversia jurídica, es indispensable reconocer el trabajo político y electoral que, según los registros de campaña y las publicaciones conocidas, desarrolló Olga Lucía para conseguir que el Centro Democrático obtuviera la representación internacional.
La prensa nacional también recogió declaraciones de Olga Lucía y Álvaro Camilo Florido sobre su participación en la financiación y promoción de la campaña en diferentes países.
No estamos hablando de una persona que apareció después de las elecciones para reclamar protagonismo, como si lo hizo Alejandro Murcia.
Olga Lucía estaba inscrita en el segundo renglón de la lista, participó en el proceso electoral y fue la principal figura pública que defendió y promovió la candidatura del partido ante los colombianos residentes en el exterior.
Y hay un elemento adicional imposible de ignorar, ella fue destinataria directa del correo mediante el cual Alejandro Murcia comunicó su renuncia.
Por tanto, conocía de primera mano la decisión que él había manifestado, y por eso se comprometió con las directivas del Centro Democrático a ponerse al frente de la campaña, con la promesa por parte de esa directiva falsa y cobarde, que de ganar sería quien ocuparía la Curul. Existen pruebas suficientes de ello.
Pero, ¿Qué reconocimiento recibió Olga Lucía por el trabajo político que desarrolló y por las responsabilidades que asumió durante la campaña?
¿Dónde quedó el esfuerzo de quienes recorrieron países, movilizaron voluntarios, organizaron actividades, promovieron la lista y contribuyeron a conseguir los votos que permitieron obtener la curul?
¿Puede una persona apartarse de una candidatura alegando dificultades internas y falta de recursos, mientras otros integrantes continúan trabajando para sacar adelante el proyecto electoral, y después terminar ocupando la representación conseguida?
Desde COLEXRET consideramos que esta situación merece una crítica profunda y contundente.
No estamos afirmando que el electorado votó individualmente por Olga Lucía, porque la lista era cerrada y el voto correspondía a la colectividad. Estamos diciendo que el protagonismo político de una campaña también genera responsabilidades y expectativas que no deberían ser desconocidas por conveniencias posteriores.
¿Oportunismo político? Una pregunta que Alejandro Murcia debe responder si es que tiene algo de dignidad
La conducta de Alejandro Murcia merece un examen político mucho más profundo que el simple resultado de un proceso judicial.
Primero, presentó una renuncia expresa.
Segundo, comunicó que se apartaba de la aspiración y dejó a disposición de la dirección nacional del partido las decisiones que considerara pertinentes.
Tercero, el partido anunció su continuidad como candidato, más no como cabeza de lista, puesto que ya habían acordado junto con los otros dos candidatos, Olga Lucía Murcia, y Camilo Florido, que ella se pondría al frente de la contienda electoral y que se posesionaría como Representante en caso de ganar el partido la Curul.
Cuarto, la lista obtuvo la curul.
Y finalmente, Alejandro Murcia reclamó y asumió la credencial.
Es una secuencia que exige explicaciones.
El congresista sostiene que la renuncia no se perfeccionó porque nunca fue presentada ante la autoridad electoral y que, después de dialogar con las directivas, resolvió continuar con su candidatura.
Esa fue su posición ante el proceso judicial y el Consejo de Estado acogió la interpretación jurídica sobre la eficacia de la comunicación.
Pero hay algo que no puede resolverse simplemente invocando una formalidad, como es la responsabilidad política de quien primero manifiesta que se retira y después termina beneficiándose del resultado electoral conseguido por una lista en la que otras personas trabajaron.
Desde COLEXRET consideramos que existe una conducta políticamente oportunista, machista y ventajosa que merece ser denunciada y explicada públicamente.
No es una cuestión de simpatías personales. Es una cuestión de coherencia, responsabilidad y respeto por quienes participaron en una campaña electoral.
La ciudadanía tiene derecho a preguntar si la representación que hoy ejerce Alejandro Murcia corresponde también al comportamiento que se espera de una persona que aspira a representar a millones de colombianos en el exterior.
¿Machismo político? El trabajo de una mujer no puede convertirse en el trampolín de otro
Este caso también tiene una dimensión de género que no puede pasar inadvertida.
Durante años, las mujeres han tenido que demostrar una y otra vez su capacidad para dirigir campañas, construir organizaciones, movilizar electores y asumir responsabilidades políticas.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, cuando llega el momento de reconocer los resultados, los protagonismos y las posiciones de poder terminan concentrándose en otras manos; y lo sucedido con Olga Lucía Murcia merece ser examinado desde esa perspectiva.
Suficientemente está acreditado que ella asumió la mayor parte sustancial del trabajo electoral, que movilizó apoyos, que participó en la financiación y que se convirtió en una figura visible ante los electores, luego entonces resulta legítimo cuestionar que quien había anunciado su renuncia terminara capitalizando políticamente el resultado.
¿No es acaso una forma de invisibilizar el trabajo político de una mujer?
¿No merece cuestionarse una práctica en la que el esfuerzo de una mujer termina siendo aprovechado por un hombre que posteriormente reclama para sí el reconocimiento y el ejercicio del poder? No se le puede llamar a un individuo de esos cobarde, aprovechado, machista, y mucho más?
COLEXRET si considera que este episodio presenta características que pueden ser calificadas de cobardía, machismo político y de aprovechamiento del trabajo femenino.
No estamos atribuyendo una intención psicológica que no haya sido demostrada judicialmente. Estamos denunciando una situación política cuyo resultado merece una reflexión seria sobre igualdad, reconocimiento y participación efectiva de las mujeres.
Olga Lucía no debe quedar reducida a una simple integrante de una lista electoral. Su papel merece reconocimiento público y una explicación sobre las circunstancias que terminaron apartándola de la representación que esperaba ejercer.
El Consejo de Estado declaró legal la elección, pero no resolvió el debate sobre la legitimidad política
La razón principal fue que la renuncia no se había radicado ante el funcionario electoral competente, como exigen el artículo 31 de la Ley 1475 de 2011 y el artículo 96 del Código Electoral Colombiano.
La Sala explicó que la renuncia a una candidatura inscrita debe presentarse ante la autoridad electoral y que la comunicación dirigida únicamente al partido no produce los efectos jurídicos electorales pretendidos.
Por eso concluyó que la candidatura permaneció vigente y que no se demostró una causal de nulidad de la elección.
Nosotros respetamos esa decisión. Pero respetar una sentencia no significa renunciar al derecho de cuestionar sus consecuencias políticas, ni obliga a aceptar que todo comportamiento que termina siendo jurídicamente válido resulte también éticamente irreprochable.
La justicia resolvió la legalidad del acto de elección a partir de las normas electorales y las pruebas incorporadas al proceso.
No declaró que Alejandro Murcia hubiera sido el principal protagonista de la campaña. Tampoco declaró que Olga Lucía no hubiera desarrollado un trabajo electoral significativo. Mucho menos resolvió si existieron acuerdos políticos internos y compromisos que posteriormente fueron desconocidos, por tanto, el debate público continúa.
Una curul puede mantenerse legalmente y, aun así, estar sometida a un cuestionamiento legítimo sobre la conducta de quien la ocupa.
¿Qué ha hecho Alejandro Murcia por los colombianos en el exterior?
La controversia sobre la renuncia no puede separarse de la responsabilidad que tiene el representante frente a la población que debe representar.
La Circunscripción Internacional no es un premio político, un escenario de promoción personal ni una plataforma para convertirse en comentarista permanente de la política nacional, como se le ha visto haciéndolo.
Es una representación creada para defender los intereses de los colombianos que viven fuera del país.
La diáspora necesita un congresista que conozca sus problemas, que escuche sus organizaciones, que haga seguimiento a la política consular, que exija respuestas a la Cancillería y que impulse soluciones legislativas y presupuestales.
Necesita resultados en asuntos como:
- La reducción de los costos de los servicios consulares.
- La modernización de los consulados y la atención a los usuarios.
- La protección de los derechos de los colombianos en situación de vulnerabilidad.
- La política integral de retorno.
- La inclusión financiera y el acceso a vivienda.
- La educación y el reconocimiento de títulos obtenidos en el exterior.
- La atención a los colombianos detenidos, deportados o afectados por situaciones de emergencia.
- La participación efectiva de la diáspora en las decisiones del Estado.
- El fortalecimiento del Sistema Nacional de Migraciones.
- La creación de una política migratoria con presupuesto, objetivos y mecanismos de seguimiento.
¿Qué balance puede presentar Alejandro Murcia sobre estos asuntos?
En su actividad pública se observa una participación en debates de política nacional, críticas a gobiernos anteriores y controversias partidistas.
También existen iniciativas legislativas muy debatibles relacionadas con los colombianos en el exterior, entre ellas las relativas a vivienda, financiación y situaciones laborales derivadas del fallecimiento de familiares en otros países.
Pero presentar proyectos no equivale a resolver problemas.
La pregunta es qué resultados concretos ha conseguido, qué compromisos ha cumplido, qué iniciativas ha llevado a buen término y qué cambios ha logrado para los millones de colombianos que viven fuera de nuestras fronteras.
COLEXRET ha revisado su actividad pública y considera que debe existir una mayor concentración en las necesidades de la diáspora, antes que en la confrontación política permanente.
Los colombianos en el exterior no eligieron un comentarista político. No eligieron a un fantoche para que anduviera de cámara en cámara buscando protagonismo populacho y burdo, tirándoselas de monigote de alta sociedad, cuando escásamente alcanza a ser de barriada. No para que hiciera alarde de tener gran capacidad económica, a pesar de tener deudas con personas que le sirvieron, y que no ha querido pagar. Los colombianos eligieron y necesitan un representante que ejerza control político, legisle, gestione y rinda cuentas.
Una curul no puede convertirse en una tribuna para hablar de todo, menos de quienes representa
El representante debe comprender que su responsabilidad no termina con publicar mensajes en redes sociales ni con participar en controversias partidistas.
Tiene que demostrar que conoce la realidad de los colombianos en el mundo.
Tiene que explicar qué está haciendo para mejorar los servicios consulares, qué propone para fortalecer la política migratoria, cómo piensa garantizar la participación de los colombianos en el exterior y qué mecanismos de seguimiento utilizará para que sus compromisos no terminen convertidos en simples anuncios.
La diáspora no necesita más discursos populistas y ridículos. Necesita resultados. Y COLEXRET estará atento a cada uno de ellos.
La responsabilidad del Centro Democrático tampoco puede quedar en el olvido
Sería un error concentrar toda la controversia en Alejandro Murcia y dejar por fuera a quienes tenían la responsabilidad de conducir el proceso electoral dentro del partido.
Gabriel Jaime Vallejo, como director general de la colectividad, y Fabio Andrade, como responsable de la organización en el exterior, y quienes en nuestro próximo artículo saldrán como «los más cobardes del Centro Democrático», deben explicar qué sucedió con la renuncia recibida el 29 de enero.
También deben aclarar qué decisiones se adoptaron, qué se comunicó a los integrantes de la lista y qué compromisos se asumieron frente a la continuidad de la candidatura. Y que tengan mucho cuidado con lo que van a decir, en caso de que pretendan mentir, pues pruebas existen de su mal proceder, y que sacaremos en su momento a la luz pública.
El partido no puede limitarse a decir que la renuncia no fue radicada ante la autoridad electoral.
Esa es precisamente la cuestión que debe explicar, ¿por qué no se hizo?
¿Quién debía hacerlo? ¿Se impartieron instrucciones? ¿Existió algún acuerdo con Olga Lucía Murcia? ¿Se informó a los militantes y a los equipos de campaña sobre la situación? ¿Quién asumió la responsabilidad de mantener intacta la lista?
Y, sobre todo, ¿considera el Centro Democrático que el resultado de este episodio es compatible con los principios de transparencia, honestidad, honradez, ética, moralidad y responsabilidad que debe defender una organización política?
La colectividad obtuvo una curul gracias a los votos de los colombianos en el exterior, pero siendo Olga Lucía Murcia la cabeza visible. Y por tanto, tiene la obligación política de explicar cómo se desarrolló el proceso que terminó llevando a Alejandro Murcia al Congreso.
La diáspora colombiana merece una representación que la respete
Los colombianos en el exterior no pueden seguir siendo utilizados como una cifra electoral que solamente adquiere importancia durante las campañas.
Son ciudadanos que trabajan, pagan impuestos, sostienen familias, envían remesas, emprenden, estudian y contribuyen al desarrollo de Colombia desde todos los rincones del mundo.
Merecen representantes que respondan por sus actuaciones y que no olviden a quienes hicieron posible su llegada al Congreso.
La Curul Internacional no pertenece a un partido, a una familia ni a una persona en particular. Es una representación institucional que debe estar al servicio de los colombianos en el exterior.
Por eso, lo ocurrido con Alejandro Murcia, Olga Lucía Murcia y el Centro Democrático debe servir para abrir una discusión mucho más profunda sobre la transparencia de las listas cerradas, la responsabilidad de los partidos, el reconocimiento del trabajo de las mujeres y la legitimidad democrática de quienes terminan ocupando los cargos de representación.
Alejandro Murcia podrá conservar legalmente su curul después del fallo del Consejo de Estado. Pero no puede pretender que con esa decisión también se haya cerrado el debate sobre su renuncia, su comportamiento político y la forma en que terminó beneficiándose de una campaña que merece ser reconocida en todas las personas que la hicieron posible.
Olga Lucía Murcia merece que se conozca su trabajo, que se escuchen sus argumentos y que no se invisibilice su participación.
El Centro Democrático debe responder por sus actuaciones. Y Alejandro Murcia debe entender que ocupar una curul no significa tener garantizada la confianza de los ciudadanos.
COLEXRET seguirá investigando, preguntando, denunciando y exigiendo resultados.
Porque los colombianos en el exterior no necesitan representantes que simplemente ocupen una silla en el Congreso. Necesitan representantes que merezcan su confianza y estén a la altura de la responsabilidad que asumieron.
Si bien la legalidad se respeta, la legitimidad se demuestra, y la representación se honra trabajando por quienes se representa.


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