PROCOLOMBIA: la fusión con las embajadas puede ser el gran giro que Colombia necesitaba para vender, invertir y crecer en el mundo
Hay decisiones de un Gobierno que generan controversia y otras que, independientemente de la posición política de quien las adopte, merecen ser analizadas por sus posibilidades reales de transformar el Estado.
La decisión anunciada por el presidente Abelardo De La Espriella de cerrar las oficinas independientes de PROCOLOMBIA en aquellos lugares donde Colombia ya cuenta con embajadas y consulados y trasladar sus funciones a esas representaciones diplomáticas pertenece, a juicio de COLEXRET, a la segunda categoría.
Es una decisión que puede ser un enorme acierto.
Y decimos «puede» porque una reforma administrativa no se mide por el anuncio, sino por sus resultados.
El Gobierno ha planteado que la medida busca reducir el tamaño de PROCOLOMBIA en el exterior, aprovechar la infraestructura diplomática existente, eliminar duplicidades y poner a los equipos comerciales al servicio de los llamados «embajadores vendedores». El nuevo director de la entidad, Samuel Bluman, confirmó que esa será la orientación.
El propio De La Espriella cuestionó algo que durante años pareció normalizado, y es que Colombia tuviera, en una misma ciudad, una embajada o consulado y, paralelamente, una oficina de PROCOLOMBIA con estructura, gastos y funcionamiento propios.
La pregunta es sencilla, ¿Por qué pagar dos veces por hacer, en buena parte, promoción de Colombia en el mismo territorio?
La respuesta, durante demasiado tiempo, pareció ser simplemente, «Porque así se ha hecho».
Y eso ya no es suficiente.
¿Qué es PROCOLOMBIA?
PROCOLOMBIA nació para promover las exportaciones, pero su misión terminó siendo mucho más amplia.
Para entender la importancia de la decisión tomada por el Sr. Presidente Abelardo De La Espriella, hay que regresar al origen.
PROCOLOMBIA fue creada en noviembre de 1992, bajo el marco de la Ley 7 de 1991, como un patrimonio autónomo administrado por Fiducoldex. Su antecedente institucional está relacionado con Proexpo y con la transformación del esquema colombiano de promoción de exportaciones.
Con el paso de los años, su misión se amplió. Hoy PROCOLOMBIA tiene como ejes principales:
- Promoción de exportaciones.
- Atracción de inversión extranjera.
- Promoción del turismo internacional.
- Expansión internacional de empresas colombianas.
- Marca País.
- Identificación de oportunidades comerciales.
- Acompañamiento a empresarios.
- Promoción de Colombia como destino de inversión.
La propia entidad se define como la organización encargada de promover el turismo, la inversión extranjera, las exportaciones no minero-energéticas y la imagen de Colombia.
Es decir, PROCOLOMBIA no es una entidad secundaria, sino que está en el corazón de la estrategia colombiana para relacionarse económicamente con el mundo. Y precisamente por eso debemos preguntarnos si durante todos estos años su estructura fue realmente la más eficiente.
¿Era necesario tener una PROCOLOMBIA separada de las embajadas?
Aquí aparece el gran interrogante.
Las embajadas colombianas tienen entre sus responsabilidades representar al Estado colombiano en otros países y desarrollar las relaciones bilaterales. Dentro de esas relaciones existe necesariamente una dimensión política, económica, comercial, cultural y de cooperación.
Entonces, si Colombia quiere vender más, atraer más inversión y abrir mercados, ¿qué mejor lugar para hacerlo que dentro de sus propias representaciones diplomáticas?
El Gobierno de De La Espriella está intentando precisamente eso.
La instrucción dada es que las oficinas internacionales de PROCOLOMBIA se integren a las embajadas y consulados donde ya existe presencia diplomática colombiana.
Y aquí aparece una palabra que debería convertirse en principio de la nueva política, y que queremos resaltar:
SINERGIA.
No se trata simplemente de meter empleados de PROCOLOMBIA dentro de una embajada, se trata de que el embajador deje de ser únicamente un representante político y se convierta también en un verdadero gestor de oportunidades para Colombia.
Un embajador debería saber, entre otras:
- ¿Quién quiere comprar productos colombianos?
- ¿Quién quiere invertir en Colombia?
- ¿Qué empresas colombianas están buscando mercados?
- ¿Qué colombianos residentes en ese país tienen empresas?
- ¿Qué colombianos quieren invertir en Colombia?
- ¿Qué productos colombianos pueden competir en ese mercado?
- ¿Qué empresas extranjeras están buscando proveedores?
- ¿Qué fondos de inversión están buscando oportunidades?
- ¿Quién necesita un socio colombiano?
- ¿Dónde está el capital que puede llegar al país?
- ¿Dónde están los colombianos que pueden convertirse en inversionistas?
Ese debería ser el nuevo diplomático colombiano.
Y aquí COLEXRET tiene una posición muy clara
En COLEXRET nunca hemos sido enemigos de PROCOLOMBIA, pero si hemos sido críticos de sus resultados frente a determinados sectores que consideramos históricamente desatendidos.
Especialmente, los colombianos en el exterior.
Nuestra crítica no significa desconocer que PROCOLOMBIA haya realizado actividades, macrorruedas, capacitaciones, ruedas de negocios, misiones comerciales o acompañamiento empresarial; pues los datos oficiales muestran que sí lo ha hecho.
Por ejemplo, el Ministerio de Comercio informó que durante 2024, 3.071 empresas de 32 departamentos reportaron negocios de exportación derivados del acompañamiento de PROCOLOMBIA, por US$2.726 millones, y que el 80 % de esas empresas eran mipymes.
La Organización Mundial del Comercio, por su parte, señaló que entre 2018 y 2024 PROCOLOMBIA apoyó a 8.452 empresas y que el 84 % eran mipymes, con exportaciones reportadas por US$33.432 millones hacia 183 mercados.
Por eso sería injusto decir que PROCOLOMBIA jamás ha atendido al pequeño empresario, pues SÍ lo ha hecho.
Pero nuestra pregunta es otra:
¿Ha hecho lo suficiente?
Y, sobre todo:
¿Ha construido una política suficientemente poderosa para que cientos de miles de pequeños empresarios colombianos puedan internacionalizarse?
Y ahí es donde nos nacen serias dudas.
(Vean aquí, «La gran inmobiliaria de Colombia en el exterior»)
El problema no es que PROCOLOMBIA atienda grandes empresas
Aquí también debemos ser claros.
Colombia necesita grandes empresas. Necesita multinacionales. Necesita inversión extranjera. Necesita megaproyectos. Necesita infraestructura. Necesita tecnología. Necesita capital internacional. Necesita exportadores capaces de vender cientos de millones de dólares. Necesita empresas ancla.
PROCOLOMBIA ha trabajado precisamente en esa dirección.
En 2020, por ejemplo, reportó 30 inversionistas considerados «ancla», con proyectos por US$3.917,6 millones y una expectativa de 13.180 empleos. Entre los sectores estaban agroindustria, software, tecnologías de la información, energías renovables, telecomunicaciones, infraestructura, BPO y turismo.
Y en años posteriores aparecen proyectos asociados a compañías multinacionales y grandes inversionistas.
En 2022, por ejemplo, PROCOLOMBIA destacó inversiones de compañías como Natura, Paramount, Essity/Grupo Familia y Nubank.
En 2026, la entidad continúa trabajando en proyectos de gran escala. En Antioquia, por ejemplo, reportó inversiones acompañadas por US$1.857 millones entre agosto de 2022 y enero de 2026, con sectores que incluyen infraestructura, turismo, energía, agroindustria, manufactura, industrias 4.0 y químicos. Entre los proyectos destacados aparecen Patria Inversiones, Avopack America y Bausch Health.
Eso es bueno para Colombia. Muy bueno; pero no puede ser suficiente.
Porque una economía sana no puede depender exclusivamente de las grandes compañías.
El pequeño empresario también necesita un vendedor en la embajada
Ahí está, posiblemente, el verdadero reto de la nueva PROCOLOMBIA.
Imaginemos un colombiano residente en España que fabrica alimentos; como por ejemplo nuestro amigo y fiel seguidor Andrés Quintero, fundador y director de D´CARNILSA, la empresa de productos cárnicos y otros productos colombianos más grande e importante en Europa, cuya historia pueden ver aquí.
O el caso de Gloria Vargas, fundadora y directora de GESTIGLOVAR, la que bien podría ser la empresa inmobiliaria más grande creada por una colombiana en Europa para el resto del mundo, incluyendo la propia Colombia. (Ver aquí).
Y qué tal conocer a la intrépida colombiana emprendedora y líder social en Chile, Natalia Molina, productora de la lechona colombiana más espectacular del mundo, Yo Soy Yeyo, y que a pesar de la gran persecución política de la que ha sido víctima en los últimos años, continúa con fuerza y valor impulsando en Chile uno de los productos colombianos más típicos, como es la lechona.
O qué tal analizar el caso de Jose Humberto Rodríguez, fundador de JOSEPAN en España; y que sin lugar a dudas se ha convertido en la empresa (Panificadora – cafetería y restaurante), más grande hecha por un colombiano en el país ibérico, con más de 10 sedes en ese país, principalmente en la capital española.
O imaginemos también a una colombiana en Estados Unidos que tiene una empresa de servicios digitales; a un colombiano en Canadá que produce artesanías; una empresaria colombiana en Alemania que comercializa productos de belleza; a un colombiano en Chile que tiene una empresa tecnológica; a un grupo de colombianos en Australia que quiere importar productos colombianos; o a un empresario colombiano retornado que quiere volver a producir en Colombia con el capital que consiguió en Europa.
¿Quién los atiende?, ¿Quién los conecta?, ¿Quién los pone en contacto con compradores, ¿Quién les explica los requisitos?, ¿Quién les ayuda a identificar mercados?, ¿Quién les dice qué oportunidades de inversión existen en Colombia?, ¿Quién les ayuda a convertirse en puente comercial entre Colombia y el país donde viven?
Ese es el espacio donde la nueva estructura debe producir una revolución.
Porque un colombiano residente en el exterior no debe ser visto solamente como un remitente de remesas, puesto que también puede ser inversionista; empresario; exportador; importador; comprador; socio estratégico; promotor de productos colombianos;
generador de empleo; creador de empresas; puente comercial; embajador económico de Colombia.
Y Colombia prácticamente no ha explotado todo ese potencial.
PROCOLOMBIA ha tenido resultados, pero también ha construido una imagen de entidad distante
Aquí está una de las críticas históricas que COLEXRET considera necesario mantener sobre la mesa.
Como lo dijimos anteriormente, PROCOLOMBIA ha desarrollado macrorruedas, eventos, misiones comerciales, ferias, encuentros empresariales y actividades internacionales.
Todo eso cuesta dinero, y algunos de esos escenarios son necesarios.
El problema aparece cuando la promoción internacional termina convirtiéndose en una especie de circuito empresarial al que el pequeño emprendedor difícilmente puede acceder.
La propia PROCOLOMBIA reconoce que utiliza herramientas como macrorruedas y actividades de promoción comercial para conectar empresarios colombianos con compradores internacionales.
Pero una cosa es abrir una convocatoria y otra es conseguir que el empresario pequeño tenga realmente las capacidades financieras, logísticas, tecnológicas, comerciales y administrativas para aprovecharla.
Por eso la nueva PROCOLOMBIA debería abandonar cualquier lógica de, «Aquí están las oportunidades; si puede, aprovéchelas».
Y pasar a, «Vamos a encontrar al empresario, prepararlo, conectarlo y acompañarlo hasta que venda».
Esa sería una transformación real.
¿Y qué hay de los gastos?
Esta es otra de las razones por las cuales la decisión presidencial merece ser respaldada.
No porque todo gasto de PROCOLOMBIA sea injustificado, sino porque el Estado colombiano tiene que preguntarse permanentemente si necesita pagar estructuras paralelas cuando ya dispone de una red diplomática mundial.
El propio Gobierno ha señalado que la integración pretende reducir costos relacionados con oficinas, nómina y funcionamiento.
Y el argumento es difícil de ignorar, pues si existe Embajada + Consulado + oficina de PROCOLOMBIA en una misma ciudad, el ciudadano tiene derecho a preguntar:
¿Cuánto cuesta mantener las tres estructuras?
Y posteriormente, ¿Cuánto costaría hacerlas trabajar coordinadamente bajo una sola infraestructura?
La respuesta debería publicarse con total transparencia, ciudad por ciudad, oficina por oficina, funcionario por funcionario, arriendo por arriendo, vehículo por vehículo, viático por viático.
Y antes y después de la reforma. Ahí sí podremos saber cuánto dinero se ahorra realmente.
La burocracia: el otro elefante en la habitación
No sería serio analizar PROCOLOMBIA sin hablar de su estructura humana.
Y aquí debemos separar dos cosas.
Una cosa es un trabajador competente que ha dedicado años a promocionar Colombia, y otra muy diferente es utilizar una entidad pública o de naturaleza estatal para repartir cargos, cuotas políticas o recompensas.
El problema de la burocracia colombiana no nació con PROCOLOMBIA, pero ninguna entidad debería estar blindada contra el escrutinio.
Mucho menos una organización cuya actividad internacional implica salarios elevados, viajes, representación, contratación y manejo de recursos destinados a promover los intereses económicos de Colombia.
Durante el gobierno de Gustavo Petro hubo casos que generaron controversia alrededor de PROCOLOMBIA.
Uno de los más notorios fue el de María Antonia Pardo, últimamente Cónsul en Chile, cuyo nombramiento fue anulado por el Tribunal Administrativo de Cundianarca; y principal promotora de la persecución y descriminación contra la empresaria y líder social Natalia Molina Morales (Ver aquí).
Ella, la Pardo, fue integrante del equipo de comunicaciones de la campaña de Gustavo Petro y posteriormente ocupó el cargo de gerente de Asuntos Internacionales y Gobierno de PROCOLOMBIA. Medios como SEMANA y W Radio documentaron esa trayectoria.
No se puede convertir automáticamente esa circunstancia en prueba de corrupción, pero sí constituye un hecho que merece ser analizado cuando se estudia la politización de la administración pública.
Más aún cuando posteriormente se produjeron cuestionamientos alrededor de los viajes, remuneración y actividades de María Antonia Pardo.
Blu Radio informó, con base en una respuesta a un derecho de petición, que Pardo había realizado 16 viajes nacionales en un periodo determinado, nueve de ellos a Barranquilla, donde tenía residencia propia; también reportó una asignación salarial de aproximadamente $28 millones mensuales. Pardo explicó que sus desplazamientos obedecían a funciones de relacionamiento institucional y proyectos de interés nacional.
También fue cuestionada su participación en la denominada Casa Colombia en Davos, cuyo contrato incluyó diversos gastos y que generó controversia pública por su costo.
Aunque son hechos muy graves, el problema no es señalar a una persona, el verdadero problema es mucho más profundo:
¿Puede una entidad encargada de vender a Colombia terminar convertida en otro escenario de reparto político?
La respuesta debe ser obviamente, No, Nunca!.
Ni con Petro, ni con De La Espriella, ni con ningún otro presidente.
(Aquí: «La lechona colombiana más famosa del mundo»)
El nuevo Gobierno también debe aplicarse su propia medicina
Y aquí COLEXRET hace una advertencia.
Celebramos la decisión presidencial, pues la consideramos acertada, pero precisamente por eso debemos exigir que se haga bien.
No tendría sentido cerrar oficinas de PROCOLOMBIA para luego llenar embajadas y consulados de nuevos cargos políticos. Aunque el problema no es que sean cargos políticos, sino que no funcionen.
No tendría sentido eliminar duplicidades para crear otras; ni tendría sentido ahorrar en arriendos para aumentar nóminas, y mucho menos tendría sentido acabar con una estructura burocrática para construir otra.
La reforma debe ser real, y debe estar acompañada de indicadores públicos, como por ejemplo:
- ¿Cuánto se ahorró?
- ¿Cuántos funcionarios se redujeron?
- ¿Cuántos fueron trasladados?
- ¿Cuántos cargos desaparecieron?
- ¿Cuánto se redujo el gasto en arrendamientos?
- ¿Cuánto se redujo el gasto en viajes?
- ¿Cuánto aumentaron las exportaciones?
- ¿Cuántas nuevas empresas comenzaron a exportar?
- ¿Cuántos colombianos en el exterior fueron incorporados?
- ¿Cuántas inversiones de colombianos residentes fuera del país llegaron a Colombia?
- ¿Cuántos inversionistas extranjeros fueron captados?
- ¿Cuántos empleos se generaron?
Eso es lo que debe medirse.
La nueva PROCOLOMBIA debe tener un nuevo concepto: «Colombia vende Colombia»
La reforma no debería limitarse a trasladar escritorios. Debe cambiar la filosofía.
Hasta ahora hemos tenido una entidad especializada en promoción internacional y una red diplomática que, en muchos casos, ha trabajado separadamente de ella.
La nueva fórmula debería ser,
Embajador + equipo comercial + PROCOLOMBIA + empresario colombiano + colombiano en el exterior.
Todos trabajando por el mismo objetivo, vender Colombia, y no únicamente vender productos.
Mejor algo más completo; vender:
- Productos;
- Servicios;
- Turismo;
- Tecnología;
- Talento;
- Cultura;
- Conocimiento;
- Proyectos;
- Oportunidades de inversión;
- Regiones;
- Infraestructura;
- Innovación;
- Empresas;
- Emprendimientos.
Colombia también debe venderse a los colombianos que viven fuera del país
Este punto debería convertirse en una de las prioridades de la reforma, ya que durante años se ha hablado de atraer inversión extranjera hacia Colombia, y eso es perfecto; pero existe otra fuente de inversión que suele quedar en segundo plano:
La inversión de los propios colombianos residentes en el exterior.
Millones de colombianos viven fuera del territorio nacional, y una parte de ellos ha construido empresas; otros tienen ahorros, otros poseen conocimientos, otros conocen perfectamente los mercados donde viven, otros tienen contactos empresariales internacionales, otros desean regresar, otros quieren invertir sin regresar, y otros quieren importar productos colombianos para venderlos donde residen.
¿Dónde está la gran estrategia nacional para aprovechar ese potencial?
Ahí PROCOLOMBIA tiene una deuda, y las embajadas también.
No queremos que el colombiano en el exterior sea solamente el que manda remesas
Colombia ha cometido durante años un error conceptual, y es que ha visto al emigrante principalmente como alguien que se fue y manda dinero; pero el mundo cambió.
El colombiano en el exterior puede ser un actor económico internacional.
Un empresario colombiano en Madrid puede ser más útil para una empresa de Colombia que una costosa campaña publicitaria.
Una empresaria colombiana en Miami puede conocer mejor ese mercado que muchos funcionarios.
Un profesional colombiano en Londres puede tener contactos con inversionistas que ninguna oficina estatal tiene.
Un colombiano en Toronto puede convertirse en distribuidor de productos nacionales.
Un colombiano en Santiago de Chile puede abrir una puerta comercial.
Un colombiano en París puede conectar una empresa colombiana con un comprador europeo.
Eso es diplomacia económica de verdad.
Y también debe funcionar en sentido contrario: inversión desde el exterior hacia Colombia
La reforma debe mirar en las dos direcciones, no solamente Colombia – mundo, también mundo – Colombia.
PROCOLOMBIA ya trabaja en atracción de inversión extranjera y en 2026 ha identificado, por ejemplo, cientos de empresas internacionales potencialmente interesadas en sectores como software, tecnologías de la información, BPO y videojuegos. En un ejercicio reciente identificó 368 empresas internacionales con potencial de expansión o crecimiento en Colombia.
Ese trabajo debe mantenerse y fortalecerse, pero debe llegar también a inversionistas pequeños y medianos.
No todo inversionista extranjero es una multinacional, también existe el colombiano que vive en Europa y quiere abrir una empresa de US$100.000. El que vive en Estados Unidos y quiere invertir US$300.000.
Como el que está en Canadá y quiere montar una fábrica. El que está en Australia y quiere invertir en turismo. El que está en España y quiere comprar una franquicia colombiana. El que quiere regresar y producir.
Todos ellos también deben importar, deben exportar. Todos ellos también deben contar.
La inversión extranjera debe generar encadenamientos, no solamente cifras
PROCOLOMBIA tiene razón cuando apuesta por empresas grandes.
Una empresa ancla puede generar proveedores, empleos, transferencia tecnológica y nuevas oportunidades.
La propia entidad ha defendido esa lógica, pero la verdadera medida del éxito no debería ser solamente, «Llegaron US$1.000 millones».
La pregunta más bien debe ser, ¿Cuánto de esos US$1.000 millones terminó beneficiando al empresario colombiano?, ¿Cuántos proveedores nacionales contrataron?, ¿Cuántas pymes ingresaron a sus cadenas de suministro?, ¿Cuántos trabajadores colombianos contrataron, ¿Cuánto conocimiento transfirieron?, ¿Cuánto exportaron desde Colombia?, ¿Cuántas empresas colombianas crecieron alrededor de ellas?
Ahí estaría el verdadero éxito.
Le puede interesar «Una inmobiliaria colombiana en Europa para todo el mundo»)
PROCOLOMBIA debe dejar de ser una vitrina y convertirse en una máquina de resultados
El presidente De La Espriella ha dicho que quiere una PROCOLOMBIA «moderna, dinámica y enfocada en resultados».
COLEXRET comparte completamente esa idea, pero le agregamos algo:
Resultados que puedan ser medidos por el ciudadano, no únicamente informes institucionales; o únicamente fotografías de eventos. No solamente cifras de asistentes; no únicamente millones de dólares en «expectativas de negocio».
Necesitamos saber cuántos negocios efectivamente se cerraron, cuántos se pagaron, cuántas empresas crecieron, cuántas comenzaron a exportar, cuántos empleos se generaron, cuántos inversionistas llegaron, cuántos colombianos en el exterior participaron. Y cuánto le costó cada resultado al Estado.
El ejemplo de las mipymes demuestra que el camino ya existe
Sería injusto desconocer lo que ya funciona.
En 2026, PROCOLOMBIA informó que la Macrorrueda de las Américas tuvo 2.747 empresas participantes y que las mipymes representaron el 84 % del valor de las expectativas de negocio generadas.
Eso demuestra que la entidad tiene capacidad para involucrar empresas pequeñas y medianas.
Entonces el reto no es empezar de cero, es escalar ese modelo y llevarlo mucho más lejos. Hacerlo permanente, accesible, territorial, y especialmente, llevarlo al exterior a través de las embajadas y consulados.
¿Y qué deberían hacer ahora las embajadas?
Muy sencillo. Cada embajada colombiana debería tener un verdadero «Plan Comercial Colombia – País», con información pública sobre:
- Productos colombianos con potencial.
- Empresas colombianas que buscan compradores.
- Empresas extranjeras que buscan proveedores.
- Inversiones disponibles en Colombia.
- Proyectos regionales.
- Oportunidades para colombianos residentes en ese país.
- Colombianos empresarios interesados en Colombia.
- Oportunidades para emprendedores.
- Ferias y eventos.
- Contactos empresariales.
- Fondos de inversión.
- Programas de financiación.
- Sectores estratégicos.
- Procesos de internacionalización.
- Oportunidades de turismo.
- Servicios profesionales colombianos.
Y esa información debería estar disponible digitalmente, no debería depender de conocer al funcionario adecuado.
La reforma también puede beneficiar a las propias embajadas
Una diplomacia que produce resultados económicos fortalece su posición.
Un embajador que puede demostrar que ayudó a que una empresa colombiana consiguiera un contrato internacional tiene un resultado concreto; al igual que un consulado que ayudó a 50 empresarios colombianos residentes en su jurisdicción a conectar sus negocios con Colombia.
Una embajada que consiguió atraer una inversión de US$50 millones tiene un resultado concreto.
Eso es diplomacia moderna.
No se trata de acabar con PROCOLOMBIA: se trata de acabar con lo que no funcione
Esta es quizás la mayor precisión que queremos dejar.
COLEXRET no está proponiendo eliminar la promoción internacional. Todo lo contrario.
Queremos mucha más promoción internacional, queremos más exportaciones, más inversión, más turismo, más empresas colombianas en el mundo, más empresas extranjeras en Colombia, más colombianos invirtiendo en Colombia, más emprendedores exportando, más productos colombianos en supermercados extranjeros, más servicios colombianos vendidos internacionalmente, más tecnología, y más empleo.
Lo que cuestionamos es que para lograrlo necesariamente debamos mantener estructuras duplicadas y costosas.
Abelardo De La Espriella acertó en el diagnóstico; ahora debe acertar en la ejecución
Esta es la posición de COLEXRET.
La decisión anunciada por el presidente Abelardo De La Espriella es, en principio, una buena decisión.
Y puede convertirse en una de las reformas administrativas más importantes de su Gobierno si se ejecuta correctamente.
Porque no se trata solamente de ahorrar dinero, se trata de hacer que el dinero público produzca más resultados.
El nuevo director de PROCOLOMBIA, Samuel Bluman, recibió precisamente el encargo de transformar la entidad y fortalecer la presencia de Colombia en el mundo.
Ahora viene la parte difícil, demostrarlo.
El gran reto de Samuel Bluman: que PROCOLOMBIA deje de ser percibida como una entidad distante
El nuevo director tiene una oportunidad excepcional. No solamente reorganizar oficinas, debe reorganizar prioridades.
Debe preguntarse:
- ¿Quién es el empresario colombiano que nunca ha podido exportar?
- ¿Quién es el colombiano en el exterior que quiere invertir en Colombia?
- ¿Quién tiene un producto extraordinario pero no sabe cómo venderlo internacionalmente?
- ¿Quién necesita un comprador?
- ¿Quién necesita un inversionista?
- ¿Quién necesita un socio?
- ¿Quién tiene una empresa pequeña que podría convertirse en una empresa exportadora?
Ese empresario debe convertirse en el nuevo protagonista.
Una propuesta de COLEXRET:
Crear el «PROCOLOMBIA del EMPRENDEDOR y la DIÁSPORA»
Si realmente se quiere transformar la entidad, proponemos algo concreto.
Dentro de la nueva estructura debería existir un programa específico:
PROCOLOMBIA EMPRENDE, y otro, PROCOLOMBIA DIÁSPORA
El primero dedicado exclusivamente a preparar, financiar técnicamente, conectar y acompañar a micro, pequeñas y medianas empresas con potencial internacional.
El segundo dedicado a los colombianos residentes en el exterior.
No como beneficiarios de subsidios, sino como actores económicos.
Ambos programas podrían funcionar utilizando la infraestructura de las embajadas y consulados, sin crear una nueva burocracia.
Ese es precisamente el tipo de reforma que justificaría la fusión.
El dinero ahorrado debe terminar donde más hace falta
Si se eliminan oficinas independientes, debe conocerse cuánto se ahorró; y una parte de ese ahorro debería reinvertirse en:
- Inteligencia de mercados;
- Capacitación empresarial;
- Plataformas digitales;
- Acompañamiento a emprendedores;
- Internacionalización de mipymes;
- Programas para colombianos en el exterior;
- Atracción de inversión de la diáspora;
- Asistencia técnica;
- Comercio electrónico internacional;
- Certificaciones;
- Empaques;
Propiedad intelectual; - Logística;
- Acceso a compradores;
- Promoción de productos regionales.
Porque ahorrar por ahorrar tampoco sirve. El verdadero ahorro es convertir un gasto burocrático en una inversión productiva.
Colombia necesita una diplomacia que venda
Durante demasiado tiempo se ha hablado de diplomacia como si vender fuera algo secundario; y no lo es.
Cuando una embajada consigue una inversión, Colombia gana.
Cuando un consulado conecta un empresario colombiano con un comprador, Colombia gana.
Cuando un colombiano en el exterior invierte en su país, Colombia gana.
Cuando una pyme comienza a exportar, Colombia gana.
Cuando una empresa extranjera instala una fábrica, Colombia gana.
Cuando un turista extranjero visita Colombia, Colombia gana.
Cuando un profesional colombiano vende servicios al exterior, Colombia gana.
Cuando una multinacional genera proveedores nacionales, Colombia gana.
Eso también es política exterior, es soberanía. Eso también es defender los intereses nacionales.
Y aquí está la gran oportunidad
La decisión de fusionar las oficinas de PROCOLOMBIA con embajadas y consulados puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece.
Puede significar el nacimiento de una nueva generación de embajadores vendedores, pero también debería producir una nueva generación de empresarios colombianos vendedores.
Y una nueva generación de colombianos en el exterior inversionistas.
Ese debería ser el verdadero objetivo.
PROCOLOMBIA no puede seguir mirando solamente hacia las grandes salas empresariales
Las grandes empresas seguirán siendo importantes. Los inversionistas multimillonarios seguirán siendo importantes. Las multinacionales seguirán siendo importantes. Los grandes negocios seguirán siendo importantes.
Pero detrás de ellos existen miles de empresarios pequeños. Miles de emprendedores. Miles de familias. Miles de colombianos que han creado empresas fuera de Colombia. Miles de colombianos que quieren regresar. Miles que quieren invertir. Miles que quieren exportar. Miles que quieren importar. Miles que solamente necesitan que alguien les abra una puerta.
Y muchas veces esa puerta puede ser una embajada.
Vean aquí «Desde el Eje cafetero para España – JOSEPAN»)
El veredicto de COLEXRET
Después de revisar la historia de PROCOLOMBIA, sus funciones, sus resultados, sus programas, sus críticas, sus controversias y la decisión anunciada por el Gobierno de Abelardo De La Espriella, nuestra conclusión es clara:
La fusión operativa de PROCOLOMBIA con las embajadas y consulados es una decisión acertada.
Pero solamente será verdaderamente exitosa si consigue cinco cosas:
Primera: Reducir realmente el gasto público.
Segunda: Eliminar duplicidades administrativas.
Tercera: Impedir que las nuevas estructuras se conviertan en bolsas de empleo político.
Cuarta: Convertir a las embajadas en verdaderas plataformas comerciales.
Quinta: Llevar los beneficios de la internacionalización hasta el pequeño empresario, el emprendedor y los colombianos residentes en el exterior.
Porque si solamente cambiamos una oficina por otra, no habremos transformado nada.
Pero si conseguimos que un pequeño empresario de Colombia encuentre un comprador en Alemania gracias a su embajada; que una colombiana en Estados Unidos invierta en una empresa de su país; que un emprendedor colombiano en España se convierta en distribuidor de productos nacionales; que una multinacional llegue a Colombia y cree cientos de proveedores; y que un embajador pueda medir cuántos negocios consiguió para Colombia durante su gestión…
entonces sí estaremos hablando de una verdadera transformación.
Una oportunidad que Colombia no puede desperdiciar
PROCOLOMBIA tiene más de tres décadas dPresde historia.
Ha construido conocimiento. Tiene profesionales especializados. Posee información de mercados. Tiene contactos internacionales. Cuenta con experiencia. Y ha demostrado que puede generar resultados.
No hay que destruir ese conocimiento, lo que hay es que ponerlo a trabajar de una manera más eficiente.
Hay que quitarle lo que sobre. Fortalecer lo que funcione. Eliminar privilegios. Eliminar duplicidades. Medir resultados. Y acercarla al ciudadano.
Especialmente al ciudadano que produce, al que emprende, al que exporta, al que invierte, al que quiere invertir.
Y al que, aunque viva a miles de kilómetros de Colombia, sigue teniendo la capacidad y el deseo de contribuir al desarrollo de su país.
Porque el verdadero PROCOLOMBIA todavía está por construirse
La decisión de Abelardo De La Espriella abre una puerta, ahora corresponde atravesarla.
Que PROCOLOMBIA deje de ser solamente una entidad que promociona a Colombia.
Que se convierta en una verdadera red mundial de negocios para Colombia.
Que cada embajada sea una oficina comercial.
Que cada cónsul conozca a los empresarios colombianos de su jurisdicción.
Que cada embajador sepa dónde está el dinero que puede llegar al país.
Que cada colombiano en el exterior conozca las oportunidades de invertir.
Que cada pequeño empresario colombiano sepa a quién acudir para exportar.
Que cada inversión extranjera genere encadenamientos con empresas nacionales.
Que cada peso gastado pueda ser justificado con resultados.
Y que la pregunta ya no sea, ¿Cuánto le cuesta PROCOLOMBIA al país?, sino, ¿Cuánto está produciendo PROCOLOMBIA para Colombia?
Ese es el verdadero desafío.
Y, por una vez, COLEXRET considera que el Gobierno ha puesto sobre la mesa una propuesta que vale la pena apoyar. Ahora habrá que exigir que se haga bien.
Porque Colombia no necesita simplemente más oficinas. Colombia necesita más negocios. No necesita más funcionarios viajando.
Necesita más empresarios vendiendo. No necesita más eventos para tomarse fotografías.
Necesita más contratos cerrados. No necesita que los colombianos en el exterior sean recordados solamente cuando mandan remesas, sino que necesita convertirlos en socios económicos de Colombia.
Y si la nueva PROCOLOMBIA logra hacer eso desde nuestras embajadas y consulados, entonces la decisión de fusionar sus estructuras no habrá sido solamente un ahorro, habrá sido el comienzo de una nueva diplomacia económica colombiana.
Recuerden la clave del éxito:
«INSISTIR, PERSISTIR, RESISTIR, y NUNCA DESISTIR»


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