En el artículo anterior visible aquí, relacionado con este tema, planteamos una pregunta que Colombia ya no debería seguir aplazando:
¿ha llegado el momento de crear una Consejería Presidencial para las Migraciones?
La pregunta no surgió de un hecho aislado. Es el resultado de años de investigaciones, denuncias, análisis y propuestas de COLEXRET sobre la realidad migratoria colombiana, pero también de un nuevo escenario institucional que empieza a configurarse con la creación del Viceministerio de Asuntos Migratorios, Consulares y Protección Internacional, los Lineamientos Estratégicos de Gobernanza Migratoria 2026-2036 y el discurso del canciller Omar Bula Escobar sobre la necesidad de proyectar una política exterior con visión de Estado.
Ahora bien, mientras esa discusión comienza a darse dentro de Colombia, el Gobierno acaba de llevar al escenario internacional su nueva visión de país, y una agenda en la que migración, seguridad, fronteras, cooperación e inversión empiezan a aparecer cada vez más vinculadas.
Por eso vale la pena detenerse y mirar qué ocurrió estos días, porque puede haber otra señal de por qué Colombia necesita una Política Migratoria mucho más integral.
Colombia llegó a Naciones Unidas hablando de una nueva etapa internacional
Ayer 24 de septiembre, el vicepresidente José Manuel Restrepo intervino ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en representación del presidente Abelardo De La Espriella.
El discurso llevó al escenario internacional varias de las prioridades que el nuevo Gobierno viene planteando: seguridad, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, soberanía, crecimiento económico, inversión, tecnología, cooperación internacional y una revisión del papel que cumplen las instituciones multilaterales.
Pero hubo un elemento que resulta especialmente interesante para esta discusión, y es que el vicepresidente planteó la necesidad de que las instituciones produzcan resultados concretos, y no se limiten a generar documentos, declaraciones o estructuras cuya eficacia no pueda demostrarse.
Es una discusión que Colombia puede y debe hacerse también puertas adentro, porque si el Gobierno considera válido preguntarse si las instituciones internacionales están cumpliendo eficazmente las funciones para las cuales fueron creadas, también resulta legítimo que los ciudadanos colombianos pregunten:
¿Qué resultados concretos ha producido durante estos años la arquitectura institucional de la Política Migratoria Colombiana?
Migración sí estuvo presente en la agenda internacional
Sería injusto afirmar que el Gobierno colombiano llegó a Nueva York ignorando la migración, pues no fue así. Por el contrario, durante los días previos a la intervención ante Naciones Unidas la temática migratoria apareció vinculada con asuntos de seguridad, fronteras, cooperación e inversión.
El 21 de septiembre, el vicepresidente José Manuel Restrepo y el canciller Omar Bula Escobar participaron en una reunión con Kristi Noem, enviada especial de Estados Unidos para el denominado Escudo de las Américas.
De acuerdo con la información divulgada sobre ese encuentro, Colombia y Estados Unidos abordaron la relación entre seguridad regional, inmigración, asuntos fronterizos, lucha contra el crimen transnacional, inversión y crecimiento económico.
Es una combinación importante porque demuestra que el Gobierno empieza a entender la migración como un fenómeno que no puede separarse de otros grandes asuntos nacionales e internacionales.
¿Es suficiente mirar la migración desde la seguridad y las fronteras?
El Gobierno habla de migración legal, segura y ordenada
Durante su encuentro en Colombia con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el presidente Abelardo De La Espriella planteó profundizar la cooperación entre nuestro país y Estados Unidos en asuntos migratorios.
Entre los temas mencionados estuvieron el intercambio de información, herramientas biométricas, identificación de personas requeridas, lucha contra las redes de tráfico de migrantes y fortalecimiento de los controles fronterizos.
El principio expresado por el Gobierno fue el de una migración legal, segura y ordenada.
Es un objetivo perfectamente comprensible dentro de la responsabilidad de cualquier Estado, pero una Política Migratoria Colombiana no puede terminar allí, porque existe una segunda dimensión que también necesita una respuesta de Estado, y son los colombianos que ya cruzaron esas fronteras.
¿Dónde están los más de 5 millones de colombianos que viven fuera del país?
La propia Cancillería colombiana reconoce que más de 5 millones de colombianos residen en el exterior. Esos millones de ciudadanos que viven, trabajan, estudian, investigan, emprenden, invierten y forman familias fuera de Colombia.
Algunos regresarán, otros probablemente no, pero todos forman parte de la realidad nacional, y es aquí donde aparece el interrogante:
¿Dónde están esos millones de colombianos dentro de la nueva estrategia de política exterior que Colombia está presentando al mundo?
No se trata de afirmar que estén completamente ausentes, pues existen consulados; Colombia Nos Une; programas de retorno; mecanismos de participación.
Existe el nuevo Viceministerio de las Migraciones, políticas y programas dirigidos a los connacionales.
Pero la pregunta es mucho más profunda:
¿Existe una estrategia nacional integral que convierta a la diáspora colombiana en parte estructural de la política exterior y de desarrollo del país?
Esa es otra cuestión. La migración es mucho más que una frontera
Migración es seguridad, pero también es trabajo, es educación, es salud, es familia, es vivienda, es inversión, es comercio, es tecnología, es cultura, es derechos, es retorno, es participación, es protección consular, es cooperación, es diplomacia, y también es desarrollo.
Por eso una política migratoria que se concentre exclusivamente en controlar quién entra, quién sale, quién puede permanecer y cómo se protege una frontera puede ser necesaria, pero no puede considerarse suficiente.
Colombia tiene que mirar también hacia quienes ya viven fuera. Y hacerlo no solamente para atender sus problemas, sino también para reconocer su potencial.
La diáspora puede ser un puente internacional para Colombia
Imaginemos por un momento otra manera de entender a los colombianos en el exterior.
No únicamente como usuarios de los consulados, ni como personas que envían remesas. No únicamente como electores, ni como ciudadanos que eventualmente podrían regresar, sino como una red humana internacional de Colombia.
Millones de personas que conocen otros mercados; otros sistemas educativos; otras tecnologías; otros modelos empresariales; otros sistemas de salud; otras experiencias institucionales; otros idiomas; otras culturas; otros mecanismos de cooperación. Y que, además, mantienen vínculos con Colombia.
Eso puede convertirse en una enorme ventaja estratégica.
Pero para aprovecharla hace falta una política, ya que no basta solo con buena voluntad.
Aquí vuelve a aparecer la Consejería Presidencial para las Migraciones
Y es precisamente en este punto donde este segundo artículo se conecta con el primero (Ver aquí).
La propuesta de COLEXRET para crear una Consejería Presidencial para las Migraciones parte de una realidad sencilla:
La migración ya no puede ser considerada una responsabilidad exclusiva de la Cancillería.
Se lo dijo nuestro director Ricardo Marín Rodríguez, el pasado día 23 al Sr. Pedro Agustín Roa Arboleda, Viceministro de Migraciones:
«La temática migratoria atraviesa prácticamente todo el Estado», y es todo el Estado a través de todas sus instituciones quien debe involucrarse en ello». Por eso Sr. Viceministro, «el Sistema Nacional de Migraciones debe estar compuesto por todo el entramado estatal», terminó explicando Marín Rodríguez.
Y es que la Temática Migratoria cobija a, trabajo, educación, salud, vivienda, comercio, hacienda, tecnología, relaciones Exteriores, migración Colombia, entidades territoriales, sector privado, academia, organizaciones sociales. Y, por supuesto, a los propios colombianos en el exterior.
Por eso la propuesta entregada por Ricardo Marín Rodríguez al Viceministro Pedro Agustín Roa el 23 de septiembre no plantea simplemente crear otra dependencia.
Plantea elevar la coordinación de la temática migratoria al nivel presidencial.
La Consejería podría convertir la migración en una verdadera política transversal
Una de las dificultades históricas de la política migratoria colombiana ha sido su dispersión.
Hay normas, programas, entidades, funcionarios, mesas, sistemas, documentos, y muchos otros elementos.
Pero cuando el ciudadano pregunta ¿quién conduce integralmente la Política Migratoria Colombiana?, la respuesta no resulta tan sencilla.
El nuevo Viceministerio de Asuntos Migratorios, Consulares y Protección Internacional es un avance institucional, pero continúa formando parte de la estructura de la Cancillería.
Una Consejería Presidencial tendría una naturaleza diferente, ya que su función sería coordinar transversalmente las diferentes entidades y políticas que tienen relación con migración, y ahí podría estar la diferencia.
El Estatuto Migratorio sería uno de los grandes objetivos de la Consejería
Conviene reiterarlo para evitar cualquier confusión.
La propuesta entregada por COLEXRET al Viceministro fue la creación de la Consejería Presidencial para las Migraciones.
El Estatuto Migratorio no fue presentado como un proyecto independiente en esa reunión, sino que fue explicado como uno de los objetivos fundamentales que debería desarrollar la Consejería.
¿Por qué?
Porque Colombia tiene una legislación migratoria dispersa.
Existen leyes como la 1465 de 2011, la 1565 de 2012 y la 2136 de 2021.
Existen decretos, resoluciones, circulares y diferentes instrumentos relacionados con la temática; pero COLEXRET sostiene, con base en años de investigación y seguimiento a las respuestas oficiales del Estado, que ese conjunto no ha sido suficiente para garantizar una política migratoria integral, articulada y eficaz.
Por ello se propone revisar todo el entramado normativo.
Determinar qué funciona, qué no funciona, qué debe modificarse, qué debe derogarse, qué debe integrarse, y qué debe crearse.
El objetivo final sería construir un Estatuto Migratorio Colombiano, convertido en Ley de la República, que permita ordenar jurídicamente una temática que actualmente se encuentra fragmentada.
El Gobierno habla de resultados. La Política Migratoria también debe producirlos
Aquí existe una coincidencia que merece ser aprovechada, y es que si la nueva administración está reclamando que las instituciones deben producir resultados, Colombia debería aplicar ese mismo principio a su política migratoria.
No debería ser suficiente decir:
“Tenemos una ley”. La pregunta debe ser, ¿funciona?
No debería ser suficiente decir, “Tenemos un programa”. La pregunta debe ser, ¿a quién está beneficiando y qué resultados produce?
No debería ser suficiente decir, “Tenemos una mesa de Migraciones”. La pregunta debe ser, ¿sus propuestas realmente llegan a las decisiones?
No debería ser suficiente decir, “Tenemos consulados”. La pregunta debe ser, ¿están resolviendo las necesidades de los ciudadanos?
Y tampoco debería ser suficiente decir, “Tenemos una política migratoria”. La pregunta definitiva debería ser, ¿está transformando realmente la vida de los migrantes y de los colombianos que viven fuera del país?
¿Se quedó corta Colombia ante la ONU en materia migratoria?
Aquí también es necesario ser justos.
No puede afirmarse que la migración haya sido ignorada, pues l agenda con Estados Unidos demuestra lo contrario.
El Gobierno ha hablado de migración legal, segura y ordenada. Aunque nosotros insistimos de que eso, por más intentos y buena voluntad, jamás se conseguirá. Ni por Colombia, ni por nadie.
También habló el gobierno de, fronteras, de cooperación, de seguridad, de tráfico de migrantes, de intercambio de información. Y ha relacionado estos asuntos con inversión y crecimiento.
Todo ello es relevante. Pero desde la perspectiva que COLEXRET viene planteando, la agenda todavía puede ampliarse considerablemente.
Porque en los contenidos públicos conocidos de estos días la migración aparece con mayor intensidad vinculada a:
seguridad + fronteras + control + cooperación internacional.
Mientras que una dimensión esencial permanece mucho menos desarrollada:
colombianos en el exterior + diáspora + retorno + participación + desarrollo + vinculación económica, académica y tecnológica con Colombia.
No es necesariamente una contradicción, es un espacio pendiente de desarrollar; y justamente ahí puede encontrarse una oportunidad.
Colombia podría llevar al mundo una propuesta diferente
Colombia no tiene por qué limitar su discurso migratorio a la seguridad, pues puede hacer algo mucho más ambicioso.
Puede convertirse en ejemplo de cómo un país de origen, tránsito, destino y retorno organiza una Política Migratoria integral.
- Puede construir una política para sus ciudadanos en el exterior.
- Puede integrar a su diáspora.
- Puede establecer indicadores.
- Puede medir resultados.
- Puede ordenar su legislación.
- Puede crear un Estatuto Migratorio.
- Puede fortalecer sus consulados.
- Puede mejorar sus mecanismos de participación.
- Puede conectar a sus ciudadanos en el exterior con el desarrollo nacional.
Y puede hacerlo mediante una estructura institucional con capacidad real de coordinación.
La Consejería Presidencial para las Migraciones podría ser ese instrumento.
Primero hay que limpiar la casa
Esta idea adquiere todavía más fuerza después de lo ocurrido en Estados Unidos y Naciones Unidas.
Colombia quiere proyectar una nueva imagen internacional.
- Quiere fortalecer alianzas.
- Quiere atraer inversión.
- Quiere combatir el crimen transnacional.
- Quiere defender su soberanía.
- Quiere modernizar su diplomacia.
- Quiere recuperar confianza.
Pero existe una regla sencilla, la imagen exterior de un país también se construye a partir de cómo trata a sus propios ciudadanos cuando están fuera de él.
Por eso hay que barrer y limpiar la casa.
No porque todo esté mal, sino porque existen suficientes problemas documentados como para justificar una revisión profunda.
Y esa revisión debería comenzar por una pregunta:
¿Qué política migratoria necesita Colombia para los próximos 30, 50 o 100 años?
El escenario internacional puede convertirse en el impulso que faltaba
La nueva realidad internacional ofrece una oportunidad.
Colombia está hablando con Estados Unidos. Está participando en Naciones Unidas. Está buscando nuevas alianzas. Está relacionando seguridad, migración e inversión. Está planteando una política exterior de largo plazo. Está creando nuevas estructuras dentro de la Cancillería.
Y está hablando de resultados.
Entonces resulta lógico que ahora se dé el siguiente paso:
Construir una Política Migratoria Colombiana de Estado.
No solamente para controlar fronteras; no solamente para proteger al país; ni solo para atender a quienes llegan, sino también para proteger, escuchar, vincular y aprovechar a quienes salieron.
Una oportunidad para Colombia y también para sus millones de ciudadanos en el exterior
Quizás el gran desafío sea cambiar la pregunta.
En lugar de preguntar solamente, “¿Cómo controlamos la migración?”, Colombia debería preguntar también, “¿Cómo gobernamos responsablemente toda nuestra realidad migratoria?”
La segunda pregunta es mucho más amplia, pues incluye seguridad pero también derechos.
Incluye fronteras, pero también diáspora.
Incluye inmigración, pero también emigración.
Incluye retorno, pero también integración.
Incluye control, pero también oportunidades.
Incluye protección, pero también participación.
Y obliga necesariamente a pensar en una estructura institucional capaz de coordinar todo ello.
El camino ya está sobre la mesa
El 23 de septiembre, Ricardo Marín Rodríguez entregó personalmente al Viceministro Pedro Agustín Roa la propuesta de creación de la Consejería Presidencial para las Migraciones.
El Viceministro manifestó su disposición a estudiarla en detalle.
Ahora corresponde avanzar.
Que la conozca el canciller Omar Bula Escobar. Que llegue al director del DAPRE. Que sea conocida por el vicepresidente José Manuel Restrepo. Y, eventualmente, que llegue al presidente Abelardo De La Espriella.
No para que sea aceptada automáticamente, sino para que sea estudiada, cuestionada, mejorada, contrastada con lo que ya existe. Y evaluada desde la perspectiva del interés nacional.
Porque una buena propuesta no debería temer al análisis, debería buscarlo.
Colombia puede dar ejemplo al mundo
La discusión que hoy se abre no es solamente colombiana.
Millones de personas en todo el mundo viven fuera de sus países de nacimiento.
Muchos Estados enfrentan exactamente el mismo desafío, ¿cómo convertir a sus diásporas en parte integral de sus políticas nacionales?
Colombia podría intentar responder esa pregunta de una manera diferente.
Podría demostrar que una política migratoria no tiene que ser solamente control, puede ser también desarrollo.
No tiene que ser solamente seguridad, puede ser también oportunidad.
No tiene que ser solamente retorno, puede ser también vinculación.
No tiene que ser solamente asistencia consular, puede ser también diplomacia ciudadana.
Y no tiene que ser una política de cuatro años. Puede ser una política de Estado.
La pregunta queda abierta
Después de estos días en Estados Unidos, Colombia regresa con una agenda internacional en la que aparecen seguridad, cooperación, fronteras, inversión, crecimiento y migración.
Es un comienzo. Pero desde la perspectiva de los millones de colombianos que viven fuera del país, todavía queda una importante pregunta:
¿Qué lugar ocuparán ellos en la nueva política exterior colombiana?
La respuesta no debería limitarse a, mejores consulados. Tampoco a mayores controles; ni exclusivamente a programas de retorno.
Debería formar parte de una Política Migratoria integral.
Y para construirla, COLEXRET ha puesto en conocimiento algo muy concreto, la creación de una Consejería Presidencial para las Migraciones.
Una Consejería que pueda coordinar al Estado. Que pueda escuchar a la sociedad. Que pueda evaluar lo que existe. Que pueda corregir lo que no funciona. Que pueda impulsar un Estatuto Migratorio Colombiano.
Y que pueda convertir la migración en una verdadera política de Estado.
Porque Colombia no solamente necesita decirle al mundo qué país quiere ser.
También necesita demostrarle a los más de 5 millones de colombianos que viven fuera de sus fronteras que siguen siendo parte esencial de ese país.
Y quizás ese sea uno de los primeros pasos para que Colombia pueda presentarse ante el mundo con una política exterior verdaderamente coherente, y es, haber aprendido primero a gobernar responsablemente su propia realidad migratoria.
La discusión apenas comienza
La propuesta de una Consejería Presidencial para las Migraciones ya fue puesta en conocimiento del Viceministerio de Asuntos Migratorios, Consulares y Protección Internacional.
Ahora corresponde llevarla a las demás instancias que pueden estudiarla y convertirla, si la consideran viable, en una decisión de Estado.
Porque esta vez no se trata solamente de denunciar lo que no funciona.
Se trata de construir lo que Colombia necesita.


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